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miércoles, 15 de abril de 2015

“Son más estrictos los controles antilavado en Panamá que en Uruguay”



Pablo Laplana, el uruguayo imputado por lavado, explica cómo operaba la Banca Privada D’Andorra en Europa y Uruguay
El Observador.com.uy / Nicolás Delgado @nicodelgado13 - 15.04.2015, 05:00 hs
Pablo Laplana es un economista uruguayo de 34 años imputado en Andorra en dos causas que investigan lavado de dinero. En los dos casos, están implicados venezolanos: el empresario Diego Salazar Carreño, primo de Rafael Ramírez Carreño, expresidente de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) y actual embajador en Naciones Unidas; y Norman Danilo Puerta, exjefe de la División Contra Drogas de la policía científica de Venezuela. Los dos tenían depósitos millonarios en la Banca Privada D’Andorra (BPA), donde Laplana es subdirector general de Negocio Internacional. En escuchas telefónicas difundidas por la prensa española se puede oír a Laplana tramando sobornos a las autoridades junto a un apoderado de Salazar. Desde Andorra, el economista habló con El Observador.
¿Qué puede decir sobre las escuchas que lo inculpan?
En las grabaciones queda acreditado que yo no tramo ningún soborno. “No, no, no se te ocurra hacer eso, que por eso sí vas preso”, digo. Más de una vez repito que acá nadie está hablando de sobornar a nadie.

Eso no fue lo que transcribieron los diarios ABC y El Mundo.
Las transcripciones de la prensa son bastante incorrectas. Modifican textualmente lo que digo. La televisión edita las conversaciones para que den la sensación de ser una conversación continua, cuando en realidad lo que hacen es extraer pedazos.

¿Nunca comentó con el apoderado de Salazar la posibilidad de enviar “unas chicas” a hacer “masajes” al jerarca de Andorra que solicitó bloquear las cuentas del empresario venezolano?
Le digo que este tipo se tiene que relajar. En broma le digo que podríamos mandarle chicas para hacerle unos masajes. Nos reímos y ya está. Evidentemente no se enviaron chicas a nadie. Ante una persona que está enojada con el banco porque pensaban que el banco se quería quedar con la plata, intenté calmar los ánimos. En las 70 horas de conversaciones grabadas hay muchos momentos en los que intento distender el ambiente haciendo bromas de todo tipo.

En determinado momento fue detenido por la Policía andorrana. ¿Cuál fue el motivo?
En julio de 2010, cuando Puerta (exjefe antidrogas venezolano con más de US$ 1 millón en el banco) declara ante la jueza, describe una serie de teorías conspirativas por parte del banco. Por ser responsable de la parte internacional, pues me toca ir a declarar ante la jueza. Luego de declarar quedé en libertad sin cargos.

¿Su contacto era directamente con él o con Tulio Hernández y Gabriel Gil (ciudadanos con antecedentes penales a los que el gobierno venezolano les otorgó pasaportes diplomáticos)?
Mi contacto no era con ninguno de los tres. A Gil lo vi una vez, a Puerta lo vi cuando vino a Andorra por primera vez, y a Hernández no lo vi nunca.

También se lo vincula con la mafia rusa, con Victor Kanaikin y Andrei Petrov. ¿Cuál era su vínculo con ellos?
Nunca he estado en Rusia ni vi ni hablé con Kanaikin. A Petrov (procesado con prisión por lavado de dinero en España) lo vi una vez. Cuando vino el nuevo jefe del área internacional, coordiné una reunión entre los dos.

Algunos periodistas consideran que la alerta de EEUU que generó la intervención en marzo del banco fue un tiro por elevación para presionar a Venezuela. ¿Comparte esta interpretación?
Podría parecer la interpretación más plausible. Pero si analizas un poco te das cuenta que Obama dijo que Venezuela no es una amenaza para EEUU. A esto se suma que el caso salió en medios españoles vinculados a la derecha. Por el proceso político que está viviendo España, con el surgimiento de Podemos, que evidentemente preocupa a la derecha, yo creo que el caso BPA responde a una campaña para desprestigiar a Venezuela y por consecuencia a Podemos.

BPA operó en Uruguay hasta marzo de 2011. ¿Cuándo se instaló y cómo era la operativa?
Se instaló en 2002 ó 2003. Eduardo Ache fue el presidente hasta unos meses antes de que el banco cerrara formalmente. A nivel operativo, cuando el banco estaba funcionando, Ache siempre fue el presidente. El banco tenía licencia de banca internacional por lo que operaba con fondos de no residentes. Esos depósitos estaban en Uruguay. Básicamente, la gente buscaba seguridad para sus ahorros; seguridad tanto a nivel de solvencia como de confidencialidad (secreto bancario). Tendría 2.000 clientes aproximadamente.

¿Por qué deciden cerrar la filial?
Abrimos Panamá en 2010. El banco hace un análisis y resuelve que debe mantener abierto Panamá o Uruguay. Los dos generaban superposición de costos. Se decide cerrar Uruguay porque Panamá ofrecía mejores perspectivas.

Panamá también ofrecía controles antilavado más laxos.
No, te puedo asegurar que son más estrictos los controles antilavado en Panamá que en Uruguay. Panamá pide más documentos que Uruguay para justificar una operativa. No estoy diciendo que Uruguay no pida lo suficiente.

Perfil

Se crió en el Centro, vivió en Pocitos, estudió en el Colegio y el Liceo Alemán, se graduó de economista en la Universidad de Montevideo y realizó un master en finanzas en la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona. Al egresar, comenzó a trabajar en la Banca Privada D’Andorra en octubre de 2005 y ascendió hasta ocupar hoy el cargo de subdirector general de Negocio Internacional del banco.

Fuente: El Observador.com.uy

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domingo, 29 de marzo de 2015

Elizabeth Vernaci: “Yo a Mario lo quiero, y lo voy a seguir queriendo y respetando”



 Volvió a la radio
Perfil.com / Exitoína – 28.03.2015
Elizabeth Vernaci volvió a la radio de la mano de Endemol en la debutante Radio con Vos, RCV 89.9, de 10 a 14, casi con el mismo equipo que el de Negrópolis: siguen Humberto Tortonese y Alejandro Bercovich con política y economía, y se sumaron Diego Della Salla, María Carámbula y Miguel Granados, entre otros.
“Necesitaba que no fuera una radio de dueños con intereses políticos. En un año electoral, necesitaba que no me condicionaran a hablar con quien no quiero. Que no me dijeran: ‘Como tengo toda la pauta del Gobierno necesito que hables con equis'”, explica la “Negra” sobre su decisión de volver, en diálogo con el diario Perfil.
“Re zafé. Me hicieron el gran favor de mi vida“, agrega. “Ojo, tampoco quiero estar en una radio que odie todo lo que pasa en el país. No me interesa mandar un mensaje constante de ‘que se termine esta mierda que nos vamos a morir’. El Apocalipsis no. Tranquilos, chicos. Ya viene, van a votar”, sintetiza Vernaci.
Me condiciona trabajar en un año electoral, pero esta radio, al tener dueños que, hasta donde sé, no reciben plata de ninguna de las partes, me da la libertad de no hacer la nota que no quiero o de preguntar lo que se me antoja”, indica.
Sobre su ausencia del aire, luego de la polémica por su despido de la Rock & Pop, Vernaci subraya que “muchas veces estuve afuera. Trabajo desde los 20, ya hace 33 y me tomé varios años sabáticos, pero por voluntad propia. Esta vez fue ajena la decisión. Un cimbronazo, más que nada económico, porque la radio me retuvo la guita. Era muy difícil, me dejaron sin laburo y sin guita. ¿Qué?, ¿querés cogerme, también? Más allá de eso, trabajé mucho conmigo hasta que apareció esta oportunidad. Antes me llamaron muchos, pero no tenía ganas de ir a otra radio. Necesitaba hacer mi duelo. No de haber sido echada, porque habla bien de mí que esa gente no me quiera, sino de dejar de trabajar con mis amigos”.
“Hay momentos para hablar y otros para callarme. El año pasado sentí que era el momento de callarme la boca. No tuve la necesidad de salir a hablar en ningún lado. No es que tengo todas las palabras juntas y estoy por estallar, para nada. Yo callada pienso. No tengo odios ni rencores absolutos, no voy a arrancar el programa haciendo una arenga”, añade.
También se refirió al discurso de Patricia Arquette en la entrega de los Oscar, quien habló de las diferencias que Hollywood hacía entre hombres y mujeres. “En la Rock & Pop yo seguramente cobraba menos que un tipo, pero nunca haría de eso un discurso para que me pagaran más. Siempre creí que debía hacerme indispensable, como para que me necesitaran y me pagaran más. Nunca me importó lo que ganaran los demás, me manejo con lo que necesito. No la quiero toda, sino la que necesito. Seguramente en algunos trabajos las minas necesitan más seguridad. No es mi caso. Siempre me dieron mi lugar. Para mí trabajar con los mejores es aprender de ellos. No voy a desaprovechar esas oportunidades para quedarme en el discursito del tipo ‘el otro habló más que yo'”.

 
—¿Volviste a hablar con Mario Pergolini?
—No, pero si tuviéramos que hacerlo sucedería perfectamente. No hay ninguna animosidad de ninguno de los dos, más que un momento que nos tocó vivir en medio de una situación de mierda. Yo a Mario lo quiero, y lo voy a seguir queriendo y respetando.
—¿Podrías trabajar con él?
—Nunca volvería a trabajar a la Rock & Pop, pero trabajaría con él. Aunque Mario tiene una apuesta de radio que se ve, que a mí no me interesa. Él es el señor rock, yo la señora pop. No me gusta, quizá a los pendejos sí. A él le divierte, a mí no me provoca nada. Estar frente a un micrófono me llena el cuerpo, pero que haya una cámara me la baja mal.
Fuente: Perfil.com
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miércoles, 18 de marzo de 2015

“El sistema capitalista que tenemos ha causado el cambio climático”. Entrevista a Naomi Klein



El Ciudadano cl. / Hoy 16:03

¿Podemos detener el calentamiento global? Sólo si cambiamos de modo radical nuestro sistema capitalista, sostiene la ensayista Naomi Klein. En una entrevista con el semanario alemán DER SPIEGEL, realizada por Klaus Brinkbäumer, explica por qué ha llegado el momento de abandonar los pequeños pasos en favor de un enfoque radicalmente nuevo, tal como detalla en su libro de reciente aparición en castellano, Esto lo cambia todo, el capitalismo contra el clima (Paidós, Barcelona, 2015).

DER SPIEGEL: Señora Klein, ¿por qué no consigue la gente detener el cambio climático?

Klein: Mala suerte. Mal momento. Muchas coincidencias lamentables.

SPIEGEL: ¿La catástrofe equivocada en el momento equivocado?

Klein: El peor momento posible. La conexión entre gases de invernadero y calentamiento global viene siendo una cuestión política central para la humanidad desde 1988. Fue precisamente la época en que cayó el Muro de Berlín y Francis Fukuyama certificó “el fin de la Historia”, la victoria del capitalismo occidental. Canadá y los EE.UU. firmaron el primer acuerdo de libre comercio, que sirvió de prototipo para el resto del mundo.

SPIEGEL: ¿De modo que lo que dice usted es que empezó una nueva era de consumo y energía precisamente en el momento en que la sostenibilidad y contención habrían sido más adecuadas?

Klein: Exacto. Y fue precisamente en ese momento cuando nos dijeron que ya no había nada parecido a la responsabilidad social y la acción colectiva, que deberíamos dejarlo todo al mercado. Privatizamos nuestros ferrocarriles y la red energética, la OMC y el FMI se comprometieron con un capitalismo desregulado. Por desgracia, esto condujo a una explosión de las emisiones.

SPIEGEL: Usted es activista y lleva culpando al capitalismo de toda clase de cosas a lo largo de los años. ¿Le echa la culpa ahora también del cambio climático?

Klein: No hay razón para ser irónicos. Las cifras cuentan cuál es la historia entera. Durante los años 90, las emisiones se elevaron un 1% anual. Desde el año 200 han ido subiendo una media del 3.4 %. Se exportó globalmente el sueño americano y se expandieron rápidamente bienes de consumo que creíamos esenciales para satisfacer nuestras necesidades. Empezamos a vernos exclusivamente como consumidores. Cuando el comprar como forma de vida se exporta a todos los rincones del globo, eso exige energía. Mucha energía.

SPIEGEL: Volvamos a nuestra primera pregunta: ¿por qué no ha podido la gente detener este cambio?

Klein: Hemos desechado sistemáticamente las herramientas. Hoy se hace mofa de regulaciones de toda laya. Los gobiernos ya no aplican reglas severas que pongan límites a las compañías petrolíferas y demás empresas. Estas crisis se nos ha venido encima en el peor momento posible. Ya no nos queda tiempo. Estamos en un momento de ahora o nunca. Si no actuamos como especie, nuestro futuro está en peligro. Tenemos que reducir emisiones de modo radical.

 

SPIEGEL: Volvamos a otra pregunta: ¿No está usted apropiándose indebidamente del cambio climático para utilizarlo en su crítica del capitalismo?

Klein: No. El sistema económico que hemos creado ha creado también el cambio climático. No me lo he inventado. El sistema es inservible, la desigualdad económica es demasiado grande y la falta de contención por parte de las compañías energéticas es desastrosa.

SPIEGEL: Su hijo Toma tiene dos años y medio. ¿En qué clase de mundo vivirá cuando salga del instituto en 2030?

Klein: Eso es lo que está decidiéndose ahora mismo. Veo señales de que podría haber un mundo radicalmente distinto del que tenemos hoy en día, y de que el cambio podría ser bien bastante positivo o extremadamente negativo. Ya es seguro que al menos en parte será un mundo peor. Vamos a experimentar el cambio climático y bastantes más desastres naturales, eso es seguro. Pero tenemos tiempo todavía para impedir un calentamiento verdaderamente catastrófico. Tenemos tiempo asimismo de cambiar nuestro sistema económico para que no se vuelva más brutal y despiadado al enfrentarse al cambio climático.

SPIEGEL: ¿Qué puede hacerse para mejorar la situación?

Klein: Tenemos hoy que tomar algunas decisiones acerca de qué valores son importantes para nosotros y cómo queremos de verdad vivir. Y, por supuesto, hay una diferencia entre que la temperatura se eleve solo 2 grados o lo haga 4 o 5 o más. Todavía nos es posible a los seres humanos tomar las decisiones correctas.

SPIEGEL: Han pasado 26 años desde que se fundó el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC – Intergovernmental Panel on Climate Change) en 1988. Sabemos como mínimo desde entonces que las emisiones de CO2 causadas por quemar petróleo y carbón son responsables del cambio climático. Pero poco se ha hecho por encarar el problema. ¿No hemos fracasado ya?

Klein: Yo veo la situación de modo diferente, dado el enorme precio que tendremos que pagar. Mientras tengamos la menor oportunidad de éxito o de minimizar el daño, tenemos que seguir luchando.

SPIEGEL: Hace varios años, la comunidad internacional estableció un objetivo para limitar el calentamiento global a dos grados centígrados. ¿Lo considera todavía alcanzable?

Klein: Bueno, todavía es una posibilidad física. Tendríamos que reducir inmediatamente las emisiones globales en un 6% anual. Los países más ricos tendrían que sobrellevar un peso mayor, lo que significa que los EE.UU. y Europa tendrían que recortar emisiones entre un 8% y un 10% anual. Inmediatamente. No es imposible, solo que es profundamente irreal políticamente con nuestro actual sistema.

SPIEGEL: ¿Está usted diciendo que nuestras sociedades no son capaces de hacerlo?

Klein: Sí. Necesitamos un cambio espectacular, tanto en la política como en la ideología, porque hay una diferencia fundamental entre lo que los científicos nos dicen que tenemos que hacer y nuestra actual realidad política. No podemos cambiar la realidad física, así que tenemos que cambiar la realidad política.

SPIEGEL: ¿Puede una sociedad que se centra en el crecimiento combatir de verdad con éxito el cambio climático?

Klein: No. Un modelo económico basado en un crecimiento indiscriminado lleva inevitablemente a un mayor consumo y a mayores emisiones de CO2. Puede y debe haber crecimiento en el futuro en muchos sectores bajos en carbón de la economía: en tecnologías verdes, en transporte público, en todas las profesiones que proporcionan cuidados, en las artes y, por supuesto, en educación. Ahora mismo, el núcleo de nuestro producto interior bruto comprende solo el consumo, las importaciones y exportaciones. Ahí tiene que haber recortes. Cualquier otra cosa sería engañarse.

SPIEGEL: El Fondo Monetario Internacional afirma lo contrario. Dice que el crecimiento económico y la protección del clima no se excluyen mutuamente.

Klein: No analizan las mismas cifras que yo. El primer problema es que en todas estas conferencias sobre el clima todo el mundo actúa como si fuéramos a llegar a nuestra meta por medio de un compromiso propio y de obligaciones voluntariamente aceptadas. Nadie le dice a las empresas petrolíferas que van a tener que ceder. El segundo problema es que estas empresas van a luchar como fieras para proteger lo que no quieren perder.

SPIEGEL: ¿En serio quiere eliminar el libre mercado con el fin de salvar el clima?

Klein: No hablo de eliminar mercados, pero nos hace falta mucha más estrategia, dirección y planificación, y un equilibrio muy diferente. El sistema en el que vivimos está abiertamente obsesionado con el crecimiento, considera bueno todo crecimiento. Pero hay formas de crecimiento que está claro que no son buenas. Está para mí claro que mi posición entra en conflicto directo con el neoliberalismo. ¿Es verdad que en Alemania, aunque han acelerado ustedes el cambio a las renovables, el consumo de carbón está en realidad aumentando?

SPIEGEL: Eso era cierto entre 2009 y 2013.

Klein: Para mí eso es expresión de su renuencia a tomar decisiones sobre lo que hace falta llevar a cabo. Alemania tampoco va a cumplir su objetivo de emisiones en años venideros.

SPIEGEL: ¿Es la presidencia de Obama lo peor que podía haberle pasado al clima?

Klein: En cierto modo. No porque Obama sea peor que un republicano, que no lo es, sino porque estos ocho años fueron la mayor oportunidad desperdiciada de nuestras vidas. Se daban los factores justos para una convergencia realmente histórica: consciencia, apremio, ánimo, su mayoría política, el fracaso de los Tres Grandes fabricantes de automóviles norteamericanos y hasta la posibilidad de encarar a la vez el cambio climático y el fallido mundo financiero sin regular. Pero cuando accedió al cargo no tuvo el valor de acometerlo. No venceremos en esta batalla a menos que estemos dispuestos a hablar de por qué Obama consideró que el hecho de tener control sobre bancos y compañías de automóviles era más una carga que como una oportunidad. Estaba prisionero del sistema. No quiso  cambiarlo.

SPIEGEL: Los EE.UU. y China llegaron finalmente a un acuerdo inicial sobre el clima en 2014.

Klein: Lo cual, por supuesto, es algo bueno. Pero todo lo que puede resultar penoso en el acuerdo no entrará en vigor hasta que Obama concluya su cargo. Con todo, lo que ha cambiado es que Obama dijo: “Nuestros ciudadanos se están manifestando, no podemos ignorarlo”. Los movimientos de masas son importantes, tienen repercusiones. Pero para empujar a nuestros líderes hasta donde tienen que llegar, los movimientos tienen que hacerse aún más fuertes.

SPIEGEL: ¿Cuál debería ser su meta?

Klein: En los últimos 20 años, la extrema derecha, la absoluta libertad de las empresas petrolíferas y la libertad del 1% de los superricos de la sociedad se han convertido en norma política. Tenemos que desplazar de nuevo el centro político norteamericano de la franja derechista a su lugar natural, el verdadero centro.

SPIEGEL: Señora Klein, eso no tiene sentido, porque es una ilusión. Piensa usted en abarcar demasiado. Si quiere usted eliminar el capitalismo antes de pergeñar un plan para salvar el clima, sabe usted que esto no va a suceder.

Klein: Mire, si quiere usted deprimirse, hay muchas razones para ello. Pero seguirá usted equivocándose, porque el hecho es que centrarse en cambios graduales supuestamente conseguibles, como el comercio de emisiones y el cambio de bombillas, ha fracasado miserablemente. En parte eso se debe a que en la mayoría de los países, el movimiento ambiental ha seguido elitista, tecnocrático y supuestamente neutral en lo político durante dos décadas y media. Ya vemos hoy cuáles son los resultados: nos ha llevado por el camino equivocado. Las emisiones están aumentando y aquí está el cambio climático. En segundo lugar, en los EE.UU. todas las transformaciones importantes legales y sociales de los últimos 150 años han sido resultado de movimientos sociales masivos, ya estuviesen  a favor de las mujeres, contra la esclavitud o en pro de los derechos civiles. Necesitamos de nuevo esta fortaleza, y bien rápido, porque la causa del cambio climático es el sistema político y económico mismo. Su enfoque es demasiado tecnocrático y estrecho.

SPIEGEL: Si intenta usted solucionar un problema específico dándole la vuelta a todo el orden social, no lo va a resolver. Eso es una fantasía utópica.

Klein: Si el orden social es la raíz del problema, no. Visto desde otra perspectiva, nadamos literalmente en ejemplos de pequeñas soluciones: hay tecnologías verdes, leyes locales, tratados bilaterales e impuestos al CO2. ¿Por qué no tenemos todo eso a escala global?

SPIEGEL: ¿Está usted diciendo que todos esos pequeños pasos – tecnologías verdes e impuestos al CO2 y un comportamiento ecológico individual – no tienen sentido?

Klein: No. Todos deberíamos hacer lo que podamos, por supuesto. Pero no podemos engañarnos con que eso sea suficiente. Lo que digo es que esos pequeños pasos seguirán siendo demasiado pequeños si no se convierten en un movimiento de masas. Necesitamos una transformación económica y política, que se base en comunidades más fuertes, empleos sostenibles, mayor regulación y un alejamiento de esta obsesión del crecimiento. Esas son las buenas noticias. Tenemos de verdad la oportunidad de resolver muchos problemas de inmediato.

SPIEGEL: No parece contar con la razón colectiva de políticos y empresarios.

Klein: Porque el sistema no puede pensar. El sistema recompensa la ganancia a corto plazo, lo que quiere decir beneficios rápidos. Fíjese en Michael Bloomberg, por ejemplo…

SPIEGEL: …empresario y antiguo alcalde de la ciudad de Nueva York…

Klein: …que entiende la gravedad de la crisis del clima como político. Como empresario, prefiere invertir en un fondo que se especializa en activos de petróleo y gas. Si una persona como  Bloomberg no puede resistirse a la tentación, se puede asumir en ese caso que no es tan grande la capacidad de autoconservación del sistema.

SPIEGEL: Un capítulo especialmente inquietante de su libro es el de Richard Branson, presidente del Grupo Virgin.

Klein: Sí, no me lo habría esperado.

SPIEGEL: Branson ha tratado de presentarse como un hombre que quiere salvar el clima. Todo empezó en un encuentro con Al Gore.

Klein: Y en 2006 se comprometió en un acto que acogía la Clinton Global Initiative a que invertiría 3.000 millones de dólares en investigación en tecnologías verdes. En aquella época yo pensaba que sería una aportación realmente fantástica. Lo que no se me ocurrió pensar es “qué cabrón tan cínico eres”.

SPIEGEL: Pero Branson no estaba más que simulando y solo invirtió una parte de ese dinero.

Klein: Puede que fuera sincero en ese momento, pero sí, se invirtió una parte.

SPIEGEL: Desde 2006, Branson ha añadido 160 nuevos aviones a sus numerosas líneas aéreas y ha incrementado sus emisiones en un 40%.

Klein: Sí.

SPIEGEL: ¿Qué se puede aprender de esta historia?

Klein: Que tenemos que poner en tela de juicio el simbolismo y los gestos que hacen las estrellas de Hollywood y los superricos. No podemos confundirlos con un plan científicamente serio para reducir emisiones.

SPIEGEL: En Norteamérica y Australia, se gasta mucho dinero intentando negar el cambio climático. ¿Por qué?

Klein: Es distinto de Europa. Se trata de una indignación semejante a la de quienes se oponen al aborto y el control de armas. No se trata sólo de que estén protegiendo un modo de vida que no quieren cambiar. Es que han entendido que el cambio climático pone en solfa el núcleo de su sistema de creencias contrario al gobierno y en pro del libre mercado. De modo que tienen que negarlo para proteger su propia identidad. Por eso por lo que existe esta diferencia de intensidad: los liberales quieren actuar un poquito en la protección del clima. Pero al mismo tiempo, estos liberales tienen una serie de cuestiones aparte que figuran de modo más destacada en su agenda. Pero tenemos que entender que los más duros de quienes niegan el cambio climático entre los conservadores harán todo lo que esté en su mano para impedir que se actúe.

SPIEGEL: ¿Con estudios pseudocientíficos y desinformación?

Klein: Con todo eso, por supuesto.

SPIEGEL: ¿Explica eso por qué relaciona todas esas cuestiones – cuestiones de medio ambiente, igualdad, salud pública y trabajo – que son populares entre la izquierda? ¿Por razones puramente estratégicas?

 

Klein: Esas cuestiones guardan relación y nos hace falta asimismo relacionarlas en el debate. Sólo hay un modo de vencer en una batalla contra un pequeño grupo de personas que se te enfrentan porque tienen mucho que perder: hay que iniciar un movimiento masivo que abarque a toda aquella gente que tiene mucho que ganar. A quienes lo niegan solo se les puede derrotar si te muestras igual de apasionado que ellos, pero también cuando eres superior en número. Porque la verdad es que son realmente muy pocos.

SPIEGEL: ¿Por qué no cree usted que la tecnología tenga potencial para salvarnos?

Klein: Se ha producido un progreso tremendo en el almacenamiento de energías renovables, por ejemplo, y en la eficiencia solar. Pero ¿en el cambio climático? Yo, en cualquier caso, no tengo bastante fe como para decir: “Como ya nos inventaremos algo en un momento dado, dejemos de lado todos los demás esfuerzos”. Eso sería una insensatez.

SPIEGEL: Gente como Bill Gates ve las cosas de modo diferente.

Klein: Y yo encuentro ingenuo su fetichismo tecnológico. En años recientes hemos sido testigos de ciertos fracasos verdaderamente resonantes en los que algunos de los tíos más listos metieron la pata hasta el fondo a una escala grandiosa, ya fuera con los derivados que desencadenaron la crisis o la catástrofe petrolífera de la costa de Nueva Orleans. En una gran mayoría, la gente, nosotros, destrozamos las cosas y no sabemos luego cómo arreglarlas. Y ahora mismo, lo que estamos destrozando es nuestro planeta.

SPIEGEL: Oyéndola, se podría tener la impresión de que la crisis del clima es una cuestión de género.

Klein: ¿Por qué dice usted eso?

SPIEGEL: Bill Gates dice que tenemos que avanzar e idear nuevas invenciones para poner bajo control el problema y, en última instancia, esta Tierra nuestra tan complicada. Por otro lado, dice usted: parad, no, tenemos que adaptarnos a este planeta y volvernos más livianos. Las compañías petrolíferas norteamericanas están dirigidas por hombres. Y a usted, una mujer crítica, la describen como una histérica. No resulta absurdo pensarlo, ¿verdad?

Klein: No. La industrialización en su conjunto estaba emparentada con el poder, con ver si sería el hombre o la naturaleza la que dominara la Tierra. A algunos hombres les resulta difícil reconocer que no lo tenemos todo bajo control; que hemos acumulado todo este CO2 a lo largo de los siglos y que la Tierra hoy nos dice: mira, no eres más que un invitado en mi casa.

SPIEGEL: ¿Invitado de la Madre Tierra?

Klein: Eso suena demasiado cursi. Pero, con todo, tiene usted razón. La industria petrolífera es un mundo dominado por los hombres, muy semejante en eso a las altas finanzas. Es algo muy de machos. La idea norteamericana y australiana de “descubrir” un país infinito y de que se puedan extraer inacabables recursos entraña un relato de dominación, que representa tradicionalmente a la naturaleza como una mujer débil y torpe. Y la idea de estar en relación de interdependencia con el resto del mundo natural se considera una debilidad. Por eso es por lo que les resulta doblemente difícil a los machos alfa reconocer que se han equivocado.

SPIEGEL: Hay en su libro una cuestión de la que parece querer desviarse. Aunque denigra usted a las empresas, no dice usted nunca que sus lectores, que son clientes de estas empresas, son asimismo culpables. Tampoco dice usted nada del precio que tendrá que pagar cada uno de sus lectores por la protección del clima.

Klein: Oh, yo creo que la mayoría de la gente estaría encantada de pagar por ello. Saben que la protección del clima exige un comportamiento razonable: conducir menos, volar menos y consumir menos. Estarían encantados de utilizar energías renovables si se les ofreciera.

SPIEGEL: Pero la idea no es lo bastante grande, ¿verdad?

Klein: (ríe) Exacto. El movimiento verde pasó décadas instruyendo a la gente para que utilizara su basura como abono, para que reciclara y montase en bicicleta. Pero fíjese en lo que ha sucedido con el clima durante estas décadas.

SPIEGEL: ¿Es su manera de vivir beneficiosa para el clima?

Klein: No lo bastante. Voy en bicicleta, utilizo el transporte público, trato de dar charlas por Skype, comparto un coche híbrido y he recortado mis vuelos hasta una décima parte de lo que eran antes de empezar este proyecto. Mi pecado está en tomar taxis y, desde que salió el libro, en volar demasiado. Pero no creo tampoco que tenga que ser la gente perfectamente verde y que vive sin emitir CO2 la única que deba hablar sobre esta cuestión. Si así fuera, entonces nadie podría decir una palabra en absoluto.

SPIEGEL: Señora Klein, gracias por esta entrevista.



Naomi Klein es autora, entre otros libros, de La doctrina del shock y No Logo.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón


Fuente: El Ciudadano cl.


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