EL ESTADO
DE LAS COSAS Y DE LOS QUE DELINQUEN
Banda clonaba tarjetas de ejecutivos
La Policía desbarató una banda de
reclusos y familiares que clonaban tarjetas de crédito de ejecutivos de
multinacionales y luego las usaron en compras en hipermercados de Uruguay y
comercios de Argentina, por más de US$ 50.000.
El País / Eduardo Barreneche - dom oct 12 2014
La trama comenzó a mediados de este año en la cárcel de Las Rosas. Un
recluso y hacker brasileño, procesado en Uruguay por estafas y lavados de
activos en enero de 2013, obtuvo 30 números de tarjetas internacionales a
través de contactos en hoteles de primer nivel.Junto con otros presos, el hacker clonó cuatro de esas tarjetas —cuyos límites de crédito oscilaban entre US$ 25.000 y US$ 180.000—. Se trata de tarjetas corporativas de multinacionales cedidas a sus principales ejecutivos para pagar gastos de hoteles, pasajes en primera clase y restaurantes lujosos, entre otros gastos.
Los reclusos se comunicaron con familiares en el exterior de la cárcel y comenzaron las maniobras. Llamaban por teléfono a los call center de los hipermercados o hacían compras por internet. Cuando los comercios les solicitaban una dirección de una casa, los delincuentes brindaban el de una residencia del barrio Carrasco.
Estacionaban una camioneta frente a la casa y esperaban hasta que llegara el pedido. Al descender el empleado del hipermercado de su vehículo, los timadores le decían: "Cargáme todo en mi camioneta que me voy para afuera. Vivo en esa casa".
La maniobra no llamaba la atención del empleado. Pasaba la tarjeta y esta funcionaba correctamente. Además, el cliente vivía en Carrasco. Estaba bien que hiciera una compra de dos o tres mil dólares.
En Argentina, los reclusos y familiares también realizaron compras “on line” en conocidos locales de equipos informáticos y en lujosas tiendas de ropa.
Mientras el brasileño llevaba la voz cantante, las estafas a los comercios uruguayos y argentinos se sucedían una a otra sin problemas. El hacker había aprendido que debía usar tarjetas de multinacionales europeas o norteamericanas para no ser denunciado a corto plazo. Sin embargo, familiares de un recluso se apoderaron de una tarjeta y comenzó el despilfarro. Enseguida vinieron los errores.
Uno de los familiares dio un número de tarjeta equivocado en una compra por un monto muy elevado y ello llamó la atención de un gerente de un supermercado esteño.
En minutos, la información llegó a jerarcas del Departamento de Información y Análisis Penitenciario (DIAP) del Instituto Nacional de Rehabilitación, quienes ordenaron una investigación a reclusos de la cárcel de Las Rosas, entre ellos el hacker brasileño. Tras más de un mes de investigaciones y escuchas telefónicas, los policías del Departamento de Análisis Penitenciario supieron que la banda estaba integrada por cuatro presos y tres familiares. El caso lo tiene el juez de Maldonado, Gerardo Fogliaco.
Rapidez.
La vida del hacker brasileño, hoy en el penal de Campanero, Lavalleja, parece salida de una película.A principios de 2013, el hacker se alojó en un conocido hotel de Carrasco. Venía por la rambla en un auto de alta gama alquilado.
Totalmente ebrio, el hacker pasó de largo de su hotel. Entonces giró en redondo y subió la vereda de rambla por varios metros. Lo detuvo un patrullero. Cuando levantaron el asiento del auto, los agentes encontraron tarjetas de crédito clonadas, cédulas y pasaportes falsos.
El hacker viajó con 19 años viajó a Nueva York y se inscribió en una conocida universidad para estudiar tecnología. Junto con otros siete compañeros, descubrió que podía conseguir a través de Internet o mediante contactos en hoteles los números de tarjetas internacionales utilizadas por ejecutivos de multinacionales.
Un año después, el joven vivía una vida de lujo con sus amigos en hoteles de primer nivel y viajando a países de Europa, Asia y América Latina sin gastar un centésimo de su bolsillo. La diversión se sustentaba con las estafas realizadas a las multinacionales.
En setiembre de 2012, el estafador fue detenido tras una denuncia de un lujoso hotel de Brasilia. El comisario de la Policía de esa ciudad, Ailton Rodríguez estimó que el hacker brasileño estafó en tres años a 400 multinacionales por más de US$ 4 millones, según consignaron los diarios Globo y Correo Brasilienze el 29 de setiembre de 2012.
Por esa fecha, el delincuente viajó a Brasilia para renovar su pasaporte y su visa norteamericana. Moreno y con reflejos rubios en el pelo, se alojó en un lujoso hotel donde se hospedan muchos cantantes, inclusive internacionales. En ocho días, el joven gastó US$ 4.760 en whisky de primera y en servicios de fiestas en el hotel. Todo eso pago con tarjetas de crédito de multinacionales.
Fue descubierto cuando pidió una transferencia para la suite presidencial, cuya diaria era de US$ 3.800 en aquel momento. El gerente del hotel chequeó las informaciones de las tarjetas de crédito con la multinacional con sede en San Pablo, dueña de la tarjeta de crédito. Nadie lo conocía en la empresa. Enseguida el gerente lo denunció a la Policía.
Ese fue el único error del estafador. Antes, en otros hoteles, el hacker dio el teléfono de la supuesta compañía donde trabajaba y si el hotel llamaba, sonaba un teléfono en su computador. Entonces atendía y respondía que estaba todo en orden con los gastos que él mismo efectuaba.
El hacker confesó a la Policía que, con siete amigos, comenzaron a realizar las estafas en 2010 en los Estados Unidos. Dijo al comisario Aílton Rodríguez que llegó a alquilar un pequeño jet por US$ 40 mil para viajar de Londres a Nueva York. En otra ocasión, el estafador habría gastado US$ 3.465.000 en seis meses de estadía en Dubai.
El delincuente y sus amigos habían creado una empresa ficticia y elaborado una maniobra para estafar a multinacionales. Como los ejecutivos gastan enormes cantidad de dinero en viajes, hoteles y restaurantes, la estafa no era notada por las compañías.
http://www.elpais.com.uy/informacion/banda-presos-clonaba-tarjetas-ejecutivos.html

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