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martes, 30 de septiembre de 2014

El Tribunal Permanente de los Pueblos y la violencia de Estado contra las mujeres en México



EL ESTADO DE LAS COSAS
El Tribunal Permanente de los Pueblos y la violencia de Estado contra las mujeres en México 

El Clarín cl. / Escrito por Víctor M. Quintana S. (Alai Amlatina) -  Publicado el 27 Septiembre 2014 

A los cuatro vientos debe difundirse lo que del 21 al 23 de septiembre se denunció y sentenció desde la ciudad de Chihuahua, México. Cuando en un espacio, así sea sólo simbólico y de conciencia, se escuchan casos como los presentados en la audiencia final del Tribunal Permanente de los Pueblos sobre “Feminicidio y violencia de género” es deber de conciencia informar, indignar.
Dos días fueron insuficientes para que tanta mujer de los cuatro rumbos de la geografía mexicana vertiera sus agravios ante las conmovidas juezas. Estas leyeron la sentencia final junto a la Cruz de Clavos, memorial de las mujeres asesinadas, frente al Palacio de Gobierno, de la capital del estado norteño de Chihuahua en cuya acera está la placa que señala el lugar donde cayó asesinada en diciembre de 2010, la activista Marisela Escobedo, cuando protestaba por el feminicidio de su hija Rubí.

El Estado mexicano es el vértice donde confluyen las acusaciones de las víctimas y la sentencia de las juezas: la insensibilidad de sus funcionarios, la visión patriarcal y sexista que lo permea, el laissez faire o plena sumisión ante los poderes económicos, políticos y fácticos, la impunidad que prohíja, lo convierten al Estado en el actor que propicia, reproduce, la violencia de género en todas sus formas: sexual, institucional estructural, feminicidio, laboral, criminalización de defensoras de derechos humanos y periodistas.

Claman las madres, las familias de los asesinados, desaparecidos por la violencia de la sucia guerra contra el crimen organizado. Tan sólo en la ciudad de Cuauhtémoc, que no llega a los 150 mil habitantes, ha habido 350 personas desaparecidas en los últimos años. La Señora Muñoz narra entre sollozos como un comando de uniformados se llevó a los ocho varones adultos de su familia que celebraban el día del padre de 2011. Los casos se repiten con la misma constante: el Estado como principal responsable, ya sea porque fueron sus cuerpos militares o policíacos quienes desaparecieron o mataron a las personas, o quienes dieron cobertura a los delincuentes o porque ha sido omiso en investigar y castigar.

El feminicidio, visibilizado primero en Ciudad Juárez, y luego en todo México, es un estrujante réquiem narrado por la polifonía de mujeres de varios estados de la República. El proceso que las familias siguen es semejante por doquier: denuncian, se tienen que tornar detectives, investigadoras, peritas forenses, prosecutoras, ante la inacción de las autoridades. El aparato estatal de procuración de la justicia es pasivo, si no cómplice del crimen organizado de los esposos y los novios que le entraron a la moda macabra de deshacerse definitivamente de la mujer que les estorba. Estremecen casos como el del Arroyo del Navajo, cerca de la fronteriza Ciudad Juárez, donde fueron encontrados los restos óseos de 19 mujeres asesinadas brutalmente, varias de ellas, capturadas por las redes de trata, invisibles para las autoridades.

Contra las mujeres que se ponen de pie, que se organizan, que reclaman, más que sus derechos, los derechos de otras y de otros, el Estado actúa con una presteza inaudita. La hija de Nestora Salgado relata con lucidez el caso de su madre, presa y hostigada todos los días en el penal federal de Nayarit. Luego de cumplir la labor de preservar la vida y el patrimonio de la gente, dirigiendo las autodefensas de Olinalá, en el sureño estado de Guerrero, es acusada y aprehendida por el mismo gobierno, impotente ante los criminales.

Siempre el mismo ciclo detrás de todas las acusaciones: 1: Agresión de todo tipo a las mujeres y a sus comunidades: feminicidio, desapariciones forzadas, despojo de recursos naturales a las comunidades por mineras y megaproyectos, ataques del crimen organizado, violencia familiar. 2: Ante la ausencia, negligencia o complicidad de las autoridades, respuesta organizativa desde abajo, sobre todo de las mujeres: defensoras de los derechos humanos, líderes comunitarias, familiares empoderadas de desaparecidas y desaparecidos, periodistas, defensoras de su vivienda ante las hipotecarias, sindicalistas, vendedoras ambulantes. Y, 3: ahora sí, el Estado cómplice ante los poderosos, reacciona contra las mujeres que luchan y participan: detiene y encarcela; fuerza exilios como los de Cipriana Jurado y Marisela Reyes, permite se hostigue a defensoras de derechos humanos, amenaza periodistas, difama organizaciones de mujeres, libera órdenes de aprehensión contra deudoras de la banca, despide a las sindicalistas independientes, desaloja vendedoras ambulantes. Reprime y criminaliza.

También con reformas legales el Estado agrede a las mujeres: aunque en muchos estados se han puesto en marcha leyes represivas contra las que deciden abortar; nuevos códigos de procedimientos que agilizan los desalojos de las viviendas; reformas energéticas que facilitan el despojo de territorios, aguas y recursos naturales de las comunidades indígenas y campesinas, sin considerar que son precisamente las mujeres quienes más cuidan, quienes más luchan por defender dichas comunidades.

La transición y la democracia se atascan o se pervierten en cuanto llegan a la encrucijada del género y de la raza. En la barbarie contra las mujeres el Estado opera como instrumento de una clase transnacional privilegiada, revela su sustancia sexista y racista. Por eso, la sentencia más justa de esta audiencia del Tribunal de los Pueblos es que el Estado mexicano, como es y actúa ahora, debe ser condenado a desaparecer y refundado desde el pueblo sobre las bases de equidad de género, de raza y de clase. Y que, ante el desdén sistemático de las instancias del gobierno mexicano a poner en práctica las recomendaciones de instancias como la Corte Interamericana de los derechos Humanos, deben instituirse mecanismos que permitan una continua y sistemática regulación de las mujeres sobre los poderes políticos y económicos.

Mujeres como las que participaron en esta audiencia del TPP pueden hacer todo esto. Como víctimas demostraron su gran estatura moral y personal. Ninguna de ellas se ha estacionado en su muy justo dolor; todas se han convertido en sujetos de nuevos procesos, de demandas de justicia, de reconstrucción de su familia, de recreación de sus comunidades. Son mujeres para las que el Apocalipsis es pasado y el presente, el Génesis, como apuntaría Leonardo Boff.

http://www.elclarin.cl/web/opinion/politica/13240-el-tribunal-permanente-de-los-pueblos-y-la-violencia-de-estado-contra-las-mujeres-en-mexico.html


jueves, 4 de septiembre de 2014

La tortura persiste en México y es tolerada por autoridades



LA DOMINACION Y EL PODER

La tortura persiste en México y es tolerada por autoridades

Amnistía Internacional presenta hoy su informe. Los exámenes para determinar ese delito incumplen normas, señala

Periódico La Jornada Emir Olivares Alonso Jueves 4 de septiembre de 2014, p. 8

La tortura sigue siendo práctica generalizada en la actuación de fuerzas policiacas, militares y de seguridad en México. Pese a ello, es habitual que los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley, agentes del Ministerio Público, jueces y algunas comisiones de derechos humanos justifiquen, toleren o hagan caso omiso de este delito, afirma Amnistía Internacional (AI).
En su informe Tortura y otros malos tratos, que presentará este jueves en la ciudad de México y del que La Jornada tiene copia, el organismo internacional documenta la actuación de las corporaciones de seguridad del país y los tipos de tortura en que incurren contra víctimas por lo general de sectores vulnerables, como indígenas, migrantes, mujeres y menores de edad.
Agrega que la tortura se usa a menudo para obtener confesiones y testimonios que sirven de prueba para enjuiciar a personas que podrían o no estar implicadas en un delito, lo que se traduce en juicios y condenas dudosas y envía a prisión a muchos inocentes.
En el informe, AI hace enfásis en la falta de castigo para quienes aplican la tortura y otros malos tratos. El resultado es una impunidad casi total para los autores de abusos y un auténtico temor entre la población a que cualquier detención pueda desembocar en torturas.
Señala que entre 2010 y 2013 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) recibió 7 mil 164 quejas por tortura, pero ninguna terminó en una condena por ese delito.
Además, datos de enero de 2014 del Consejo de la Judicatura Federal revelan que entre 2005 y 2013 los tribunales federales atendieron 123 enjuiciamientos por esa práctica y sólo siete culminaron en condenas, mientras que en el fuero estatal, hasta 2013 sólo se habían registrado cinco condenas por tortura.
De acuerdo con las cifras de la CNDH, destaca AI, durante la administración del presidente Enrique Peña Nieto las quejas por tortura son menos que las presentadas en el último año de gobierno de Felipe Calderón Hinojosa: mil 505 en 2013 y 2 mil 114 en 2012. Aunque el número de recomendaciones que confirman ese delito es mayor: 13 en el primer año de Peña Nieto y 11 en el último de Calderón.
Para la elaboración del informe, AI se basó en una serie de entrevistas con personas que han sido víctimas y sobrevivientes de tortura y malos tratos en años recientes, que se presentan en el documento: “Te acostaban y, tirado, te golpeaban, y después te agarraban entre tres: uno te echaba el tehuacanazo en las narices”, relató a AI Juan Gerardo Sánchez.
Un migrante hondureño indocumentado narró su experiencia con la policía municipal de Saltillo, Coahuila, en su tránsito por México: “Ya adentro me decían que me iban a matar, que era un ‘pinche migrante’ por el que nadie se iba a preocupar. Me metieron agua mineral por la nariz, me amarraron con cinta adhesiva manos y pies. Me dieron golpes en estómago y pecho, me asfixiaban con una bolsa en la cabeza y me exigían que les dijera quién me vendía la droga. Yo no sabía de qué me hablaban”.
Algunos métodos de tortura usados en México que documenta AI son: golpes con puños, botas, culatas de fusiles y palos; introducción de agua gasificada o chile por la nariz; amenazas de muerte y de desaparición forzada; descargas eléctricas en distintas partes del cuerpo; simulacros de ejecución; semi asfixia; posturas de tensión, violación y otras formas de violencia sexual –en particular contra las mujeres–, así como amenazas contra familiares de los detenidos.
Entre las conclusiones del informe AI señala que las autoridades mexicanas de todos los niveles de gobierno siguen tolerando el uso generalizado de esta práctica, aun cuando existe una legislación relativamente rigurosa para su prevención y castigo; que los informes sobre tortura y otros malos tratos en el país aumentaron a partir de 2006, cuando se emprendió la estrategia gubernamental contra el crimen organizado, y que en 2013 hubo 600 por ciento más denuncias por este delito ante la CNDH que en 2003.
AI agrega que las detenciones arbitrarias y el uso de pruebas falsas suelen estar estrechamente ligados al uso de la tortura y otros malos tratos, además de que los exámenes médicos aplicados a las víctimas para investigar la tortura no cumplen las normas internacionales.