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lunes, 6 de abril de 2015

Científico español defiende transgénicos y cuestiona agricultura orgánica




"Comer sin miedo" es el título de su libro publicado la semana pasada en Buenos Aires.
"Los pesticidas matan menos que un analgésico"
La semana pasada llegó al Río de la Plata el libro "Comer sin miedo", del bioquímico español José Miguel Mulet.
El País.com.uy / Leticia Costa Delgado - dom abr 5 2015
 
Por ahora solo se encuentra en librerías de Buenos Aires, pero su edición en la región motivó a El País a mantener una charla con quien no tiene pruritos en sostener que los transgénicos sí son buenos, los pesticidas no son dañinos, la agricultura ecológica no es más sana que la industrial y que el ganado que crece con hormonas no es más saludable que el que vive a campo abierto.
La forma de fundamentar estas afirmaciones, la formación que lo respalda y la sorpresa que genera al defender su posición con ahínco, están detrás de los cinco millones de resultados de búsqueda que su nombre arroja en Google.
Profesor titular de biotecnología, experto en bioquímica y biología molecular en la Universidad Politécnica de Valencia, publicó en 2011 el libro "Productos naturales, vaya timo" y su popularidad motivaron a la editorial Destino (Grupo Planeta) a proponerle, en 2013, "Comer sin miedo", que vendió más de 10.000 copias y fue editado luego en Colombia y México, generando tanto detractores como partidarios.
Consultado por El País sobre qué miedos considera son infundados, Mulet se refirió a los alimentos que usan químicos en su producción y dijo que es falso que sean menos sanos. "La gente compra comida orgánica porque cree que es mejor para la salud y para el medio ambiente, pero ninguna de estas dos afirmaciones es cierta", enfatizó. "Todos los estudios demuestran que nutricionalmente es igual".
Comida orgánica, precisó, es aquella que se produce en base a un reglamento (en Uruguay está reglamentada por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca) que exige que todo lo que se le ponga al cultivo sea natural. La gente se piensa que porque le compra directamente al productor ya es ecológico pero no es así".
Desde su óptica, no tiene sentido evitar comer la cáscara de una fruta porque podría acumular químicos. "No es verdad que nos estemos intoxicando. Ningún agricultor quiere tratar la fruta porque sí; para él es caro y trabajoso. Si lo hace es porque no tiene más remedio, por las plagas", señaló.
"Entonces, utiliza los que le marca la ley, que es muy estricta y solo autoriza los que no ocasionan problema para la salud. Además, deja ponerlos en franjas de tiempo, como mucho un mes antes de cosechar", aseguró Mulet, quien dirige el máster de Biotecnología Molecular y Celular de Plantas en la Universidad de Valencia (UPV) y es investigador del Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas de la UPV y el consejo de investigaciones español.
En relación a la calidad de los productos cosechados al aire libre y no en cámara, respondió que lucen mejores pero eso no los hace más sanos.
"Si el señor que va a la feria recogió el tomate el día antes posiblemente esté más bueno, porque en la mayoría de los supermercados maduran en cámara para poder distribuirlos, pero nutricionalmente son iguales", asegura y va más allá: "en esas ferias hay menos control sanitario y es más fácil que haya algún accidente. Si en una feria detienen a alguien con algún producto contaminado al día siguiente puede estar en otra y nadie se entera".

Transgénicos.

La Intendencia de Montevideo incorporó el año pasado a su digesto una norma que obliga a identificar los alimentos que genéticamente modificados. La medida se adoptó por "razones de salud, económicas, ambientales, religiosas y éticas".
Sin embargo, Mulet los defiende y asegura que son los alimentos más controlados que existen. "Antes de salir al campo, un transgénico tiene que superar más controles que cualquier otro alimento en la historia de la humanidad. Los ambientalistas dicen ha pasado poco tiempo y aún no sabemos su efecto. No es cierto, sí que lo sabemos", enfatiza.
Uno de los trabajos sobre los que se basa fue realizado en Estados Unidos y comparó la salud del ganado desde 1980, cuando no había granos genéticamente modificados, hasta la actualidad en donde prácticamente todo el forraje que reciben proviene de soja y maíz transgénico.
El resultado, asegura el científico español, fue que no hubo ningún impacto en salud ni en medio ambiente. "El ganado estaba exactamente igual cuando comía tradicional que cuando come transgénico. No tenemos ningún estudio tan completo en ningún otro alimento", subrayó y agregó que si los transgénicos usan menos fertilizantes y pesticidas ayudan a evitar la contaminación.
Consultado acerca de las agrupaciones ecologistas que aseguran que en Argentina la producción de amplias zonas de soja transgénica aumentó los casos de cáncer de tiroides, Mulet respondió que no ha visto ningún estudio científico que lo demuestre.
Por el contrario, defendió el glifosato, el principal herbicida que se utiliza en las plantaciones. Según Mulet, es menos tóxico que un analgésico.
"Existe un índice de toxicidad, el IC50, que es la cantidad que tenés que darle a 50 ratones para que 25 se mueran y 25 queden tocados. Bueno, el IC50 del glifosato es menor que el de la cafeína o un analgésico. O sea le harías más mal dándole un analgésico que glifosato, tiene una toxicidad muy baja, por eso se usa", subrayó.
La semana pasada la Organización Mundial de la Salud lo calificó entre otros cuatro pesticidas como "posibles" o "probables" cancerígeno, aunque las "pruebas son limitadas".
Para Mulet, si fuera tóxico haría tiempo que no se utilizaría porque los agricultores no quieren contaminarse.
Por último, el científico español enfatizó que agricultura nunca es sinónimo de ecología. "Si querés que en un campo haya biodiversidad lo que tenés que hacer es no sembrar. Porque desde el momento en que sacás la azada y arrancas toda la maleza, arrancás toda la diversidad del terreno.

"Todo ha sido domesticado"

Para José Miguel Mulet, los consumidores olvidan que todo lo que el hombre domesticó lo modificó, desde las verduras hasta los animales. "Todas las razas de perros vienen de los lobos y la mayoría son del siglo XIX o XX, son recientes. En la Edad Media no había pastores alemanes, porque no existían", remarcó. Para él, el mismo razonamiento vale para el maíz, la soja, o el tomate. "Que sean genéticamente modificadas simplemente es ir un paso más allá de lo que estábamos haciendo hasta ahora", consideró. Por otra parte, dijo que cuestionar los conservantes es criticar algo que también se hace desde tiempos inmemoriales, solo que antes se hacía con procesos artesanales y ahora se conocen las técnicas. "Decir ahora que no queremos conservantes la verdad es que llega un poco tarde", ironizó. En la misma línea, hay colorantes desde el azafrán, en el siglo XVI.

"La homeopatía es la azúcar más cara".

Recientemente fue editado en España el último libro de José Miguel Mulet, bioquímico español controversial por sus posturas a favor de la agricultura industrial. Se titula "Medicina sin engaños" y en él cuestiona duramente a la homeopatía, la acupuntura, la medicina tradicional china y todas las disciplinas que se conocen como alternativas. En cuanto a la homeopatía, consideró que "es el azúcar más caro del mundo". Consultado sobre el por qué, respondió: "Es muy fácil: cuando un tratamiento es válido quiere decir que ha pasado pruebas, está comprobado para qué sirve y para qué no sirve. Curiosamente, todo lo que no ha superado esos controles y no tenemos evidencia científica de que funcione le llamamos medicina alternativa". Para él esto es así más allá de los casos puntuales que puedan asegurar que tuvieron mejorías. "Mi abuela rezaba el rosario cuando le dolía la cabeza y aseguraba que eso la curaba, pero yo no puedo decir que eso de resultado", objetó, y dijo que para él, lo milenario no le da garantías porque hace miles de años la gente se moría por una infección de oídos, paperas o sarampión y la medicina occidental encontró cómo superarlas.

Fuente: El País.com.uy

Patraña (Mentira o noticia fabulosa, de pura invención): José Miguel Mulet

http://lascotidianasdeenrique.blogspot.com


martes, 16 de septiembre de 2014

El silencio de las ranas: los pesticidas y el ocaso de los anfibios (parte I)



LA INDIFERENCIA POR EL MEDIO AMBIENTE
El silencio de las ranas: los pesticidas y el ocaso de los anfibios (parte I)
EcoPortal.net / Por Carlos de Prada 15/09/14
Cualquier persona de cierta edad aficionada a pasear por los campos lo habrá notado. El croar de las ranas, antaño omnipresente, se ha tornado una rareza en muchas zonas. Es algo que sucede a lo largo y ancho del planeta.
De hecho, los anfibios son el grupo de animales vertebrados que tiene el triste honor de tener más especies amenazadas de extinción. Más de una tercera parte de las especies de anfibios, nada menos, están en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Un 41% por ciento. Además un porcentaje aún mayor tiene sus poblaciones en declive .
La desaparición de muchas poblaciones e incluso especies enteras de anfibios se ha convertido en un ejemplo insuperable de la actual crisis de la diversidad biológica a nivel planetario. Nada, probablemente, encarna mejor el drama de la desaparición de especies en el mundo.
Las causas de esta especie de "Apocalipsis" anfibio son diversas y frecuentemente se potencian unas a otras: alteración de sus hábitats, enfermedades, aumento de la radiación ultravioleta, cambio climático, competencia con especies introducidas... Pero entre todas hay una que está mereciendo una crecente atención por parte de los científicos por el gran peso que puede estar teniendo en lo que sucede: la contaminación química de las aguas y tierras por sustancias como los pesticidas .
Los anfibios, con su piel permeable, su vida acuático-terrestre, y su delicado sistema inmune, son especialmente sensibles a los contaminantes químicos. Por eso son bio-indicadores de excepción que alertan de cosas que también pueden afectarnos a las personas. Son una especie de sistema de alerta temprana, como los canarios que antaño se ubicaban en la minas para alertar sobre posibles fugas de gas. De ahí que, por estas y otras razones, los datos que se están acumulando deban hacer que la Humanidad despierte ante el atronador silencio de las ranas que se está enseñoreando de cada vez más rincones de nuestro planeta.
Aunque cada vez son más y más los estudios que muestran lo que está pasando con los pesticidas y las ranas, una buena parte de la población apenas sabe nada de ello. Existe una conciencia mayor, aunque también insuficiente, a la vista de las escasas medidas emprendidas, sobre lo que está sucediendo con otros animales como las abejas y otros insectos polinizadores.
Así pues, conviene hacer un repaso, aunque sea somero, sobre los impactos de los pesticidas sobre las poblaciones de anfibios que los científicos están describiendo detalladamente a lo largo y ancho del planeta. Algunos son aterradores y van desde las grandes mortandades en poco tiempo, a veces en horas, tras el uso de algunos pesticidas hasta el retraso en la metamorfosis o la castración química de grandes porcentajes de los machos, su feminización e incluso hermafroditismo, y los daños en el sistema inmunológico que pueden hacer que diversas enfermedades barran sus poblaciones.
En muchas ocasiones puede haber naturalistas que vean renacuajos muertos en un charco que se secó antes de que completasen su desarrollo, sin reparar en cual fue la razón última de ése retraso, que bien pudo ser la actuación de un pesticida. O puede haber biólogos que culpen solo a algunas enfermedades sin plantearse que muchas veces es probable que fuesen algunos pesticidas los que minaron las defensas de estos animales haciendo que la enfermedad se cebara con ellos.
Algunos de los datos que nos muestran los estudios científicos publicados nos dejan verdaderamente estupefactos, al evidenciar lo grave de los daños, lo extensos que pueden ser y lo lejos que pueden llegar. Como los que muestran cómo los pesticidas pueden viajar a centenares de kilómetros de distancia, llevados por el viento muy lejos de las zonas en que se usaron, y depositarse en remotos arroyos y lagos de montaña, afectando también allí, en ésas zonas aparentemente pristinas, a sus anfibios.
Mortalidades masivas
Pero comencemos el breve repaso de tan solo una parte de lo que la Ciencia nos dice. Empezando por las mortalidades masivas. Lo más evidente. En ése sentido es interesante la importante investigación que realizaron científicos alemanes y suizos y que demostraba que fungicidas, herbicidas e insecticidas podían estar teniendo un impacto mayor del que se había sospechado hasta ése momento en la desaparición de los anfibios. El título del trabajo ya era bastante elocuente: "la exposición en tierra de los anfibios a los pesticidas: ¿una causa infravalorada de su declive global?" Los científicos, pertenecientes a entidades como la Universidad de Koblenza-Landau o la Agencia Ambiental Federal alemana, entre otras, evaluaron los efectos de siete pesticidas muy comunmente empleados en Europa y en las cantidades en las que son normalmente usados en los campos, y vieron que causaban mortalidades terribles en los anfibios. Los científicos se echaron las manos a la cabeza al ver los resultados.
Ésas mortalidades iban desde el 100% al 40% a los siete días, en los juveniles de las ranas comunes (Rana temporaria). Y en algún caso la mortandad del 100% se alcanzó en una hora. Unos resultados tremendos. Así, un producto cuyo principio activo era la piraclostrobina, un fungicida muy empleado podía llevarse por delante al 100% de las ranas en una hora, usando la dosis recomendada en la etiqueta. Éso sucedía usando el Headline, que contenía como aditivo unas altas concentraciones de nafta, usado como disolvente en la mezcla. Otro producto, también con piraclostrobina pero con menos nafta, causaba una mortalidad del 20%. Otro producto, el Captan Omya, cuyo principio activo era el captan, causaba una mortalidad también del 100% en una semana. El resto de los pesticidas causaban mortalidades de entre el 40 y el 60%. Tres de ellos -captan, dicomil (basado en el fenoxaprop-P-ethyl) y dimetoato- causaban una mortalidad del 40% en una semana usando el 10% de la dosis recomendada en la etiqueta. ¡Al 10% de la dosis recomendada como "adecuada"!
Consideraban preocupante que buena parte de las especies de anfibios europeas estén ligadas a entornos agrarios y que precisamente los movimientos de algunas de ellas en estos lugares se produzcan coincidiendo con las aplicaciones de pesticidas.
Tal y como manifestaban en su estudio la exposición a los pesticidas puede ser una causa muy importante del declive de las poblaciones de anfibios, apuntando que ello debería llevar a poner "mayor atención en los esfuerzos dirigidos a conservarlos, teniendo en cuenta que los actuales procedimientos de evaluación de los riesgos de los pesticidas no están protegiendo este grupo animal en desaparición".
En efecto, tal y como denuncian los investigadores, los procesos de autorización para pesticidas no requieren evaluaciones del riesgo que representan específicamente para los anfibios. Algo sorprendente y que solicitan que sea corregido, ampliando ésa evaluación no solo a los principios activos sino a la totalidad de la mezcla de sustancias que se integran en los productos que se ponen a la venta. Ya que los efectos de las mezclas comerciales pueden ser mayores que la de solo los principios activos (siendo esto lo único que se testa, lamentablemente, aunque en el caso de los anfibios ni siquiera)
El estudio se realizó sobre ranitas que ya estaban en la fase terrestre, es decir, tras haber concluido la metamorfosis. Pero hay que tener en cuenta que otras investigaciones han mostrado también efectos en los renacuajos. Por ejemplo los que han evidenciado incrementos de mortalidad por exposición a niveles bajos de pesticidas, como el glifosato, a concentraciones semejantes a aquellas en las que, de hecho, suelen darse en muchas zonas agrícolas.
Uno de estos estudios, intentó solventar las deficiencias de los test que se habían venido realizando hasta ése momento para detectar efectos sobre anfibios. Ésos test, aparte de haber sido realizados en escaso número, se habían hecho solo viendo lo que pasaba en cortos periodos (de 1 a 4 días) y sin sumarles los factores de estrés que suelen darse en la Naturaleza, los cuales pueden agravar los efectos sobre las ranas. De modo que los científicos tomaron larvas de seis especies de ranas y sapos americanas y vieron qué sucedía si se las exponía al Roundup (el herbicida estrella de Monsanto, basado en el glifosato) junto con la presencia de algunos de ésos factores de estrés natural. El resultado fue que la letalidad podía aumentar notablemente .
En otro estudio de la Universidad de Pittsburg, se dispusieron charcas al aire libre con tres especies de renacuajos y se las fumigó con Roundup. A las tres semanas habían muerto entre el 96 y el 100% de los renacuajos.
Después, se expuso a ranas jóvenes de las tres especies, ya después de la metamorfosis, a un rociado en recipientes de laboratorio. Después de un día habian muerto el 68 al 86%. "Estos resultados" -comentaba el doctor Relyea, autor de la investigación- "sugieren que el Roundup, un compuesto diseñado para matar plantas, puede causar tasas extremadamente altas de mortalidad en los anfibios que podrían conducir a descensos poblacionales". Hay más estudios que asocian este producto a daños en los anfibios



Si se tiene en cuenta que el Roundup, basado en el glifosato, es uno de los herbicidas más usados a escala planetaria, los resultados son para temblar. Máxime si, además, se tiene en cuenta que el glifosato se utiliza muchas veces en combinación con otros pesticidas, como puede ser, entre otros muchos, el insecticida cipermetrina, y que las mezclas pueden podrían incrementar las consecuencias
Se sabe perfectamente que las mezclas de pesticidas pueden generar efectos tóxicos inesperados sobre las ranas, pudiendo causar mortandades de más del 99%. Eso, por ejemplo, se vio en una investigación en la que se evaluaron los efectos conjuntos de la simple aplicación de una mezcla de 5 insecticidas ( malathion, carbaryl, chlorpyrifos, diazinon y endosulfan) y cinco herbicidas (glyphosate, atrazine, acetochlor, metolachlor y 2,4-D) , a bajísimas concentraciones, de pocas partes por mil millones. A parte de constatar otros efectos sobre el ecosistema de las charcas, se observó lo que pasaba con los renacuajos de anfibios -rana gris arbórea (Hyla versicolor) y ranas leopardo (Rana pipiens)- tanto con la exposición a pesticidas aislados como a la mezcla de insecticidas, a la mezcla de herbicidas, y a la mezcla de los diez juntos. ¿Y qué pasó? Pues que había insecticidas, como el endosulfan que causaba una mortalidad de más del 80% de las ranas leopardo, o el diazinon que indirectamente mataba a un 24%. Y que la mezcla de los cinco insecticidas y de los diez pesticidas (insecticidas y herbicidas) se llevaban por delante al 99% de las ranas leopardo .
Pero como se dijo anteriormente, los efectos van más allá de las simple mortalidad directa y a corto plazo, así que no nos extenderemos más sobre este particular, aunque la literatura científica sobre ello sea extensa. En nuestro siguiente artículo proseguiremos con más espectaculares hallazgos de la ciencia sobre los daños de los pesticidas sobre las ranas.

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