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martes, 7 de abril de 2015

Hijos de Sebastián Piñera involucrados en emisión de boletas por 344 millones a SQM




Las nuevas indagaciones en los datos entregados por el SII respecto de las facturaciones realizadas a PENTA involucran a personeros del mundo político y empresarial, entre los que destacan empresas relacionadas con el senador DC Jorge Pizarro, Jovino Novoa e incluso los hijos del ex presidente Piñera Magdalena y Sebastián Piñera Morel.
El Ciudadano.cl / Arturo Ledezma· Hoy 12:04
Magdalena y Sebastián Piñera Morel, hijos del ex presidente Sebastián Piñera, están vinculados en una serie de boletas que suman 344 millones de pesos a SQM, tal como consigna CIPER.
Dentro de las nuevas indagaciones de la arista SQM del caso PENTA se identificaron 24 sociedades que facturaron a Soquimich por trabajos sin respaldo, entre ellas hay dos sociedades que son Bancorp y Vox Populi, que se vinculan con Sebastián Piñera Echeñique. En esas sociedades los hijos del ex mandatario son representantes y con ello se establecen nuevas vinculaciones entre SQM y el círculo cercano a Piñera.
CIPER señala:
Administradora Bancorp y Vox Populi son las sociedades relacionadas con el ex presidente Piñera que figuran en la denuncia de Impuestos Internos. A la primera se le cuestionan 15 facturas emitidas a SQM por una suma global de $318 millones. A la segunda, cinco facturas por $26 millones.

Los representantes legales de ambas sociedades forman parte del círculo más cercano del ex presidente: sus hijos Magdalena y Sebastián Piñera Morel; el gerente general de su family office, Nicolás Noguera Correa; su gerente de inversiones y finanzas, Javier Cavagnaro Infante; su amigo y hombre de confianza, José Cox Donoso; los ejecutivos de Bancard, Eduardo Befferman Córdova y Cristóbal Silva Lombardi; y Catalina Lamarca Délano, sobrina de su amigo personal y controlador de Penta –hoy en prisión preventiva–, Carlos Alberto Délano.

Otros políticos involucrados
Cabe señalar que dentro del informe que entrega Ciper según los nuevos antecedentes de la arista SQM de los financiamientos que están siendo cuestionados también se mencionan a una lista larga de familiares y actores del mundo político. Entre ellos destaca Ventus Consulting, empresa creada en el año 2010 por los hermanos Sebastián, Jorge y Benjamín Pizarro Cristi, hijos del senador DC Jorge Pizarro. La empresa Ventus entregó 11 facturas a SQM por un total de $45 millones de pesos.
Por su parte aparece también la Corporación de Asuntos Públicos, que en su directorio cuenta con Jovino Novoa, Ignacio Astete, Raúl Lecaros y Vasco Costa, vinculados a la UDI. Y el Centro de investigaciones Sociales de Chile (CIS) creada por Gonzalo Mûller Osorio quien es marido de la diputada UDI María José Hoffman, y controlada por Gilberto Mûller Corvalán, suegro de la diputada.
En el informe realizado por Ciper (ver nota) se detalla muy claramente los vínculos de parentezco y poder que están saliendo a la luz con las nuevas indagaciones en la investigación del caso Penta-SQM, con lo que se sigue abriendo uno de los más grandes casos de corrupción de nuestra política nacional.
Hay que señalar que las investigaciones están recién en un estado embrionario y no se contemplan todavía otras rutas investigativas que pudieran abrir nuevos focos de financiamiento, es decir, más empresas que interactuaron con el financiamiento de campañas políticas. Con esto la lista de personalidades del mundo político y empresarial que están teñidos por las marcas de la corrupción tendrían que aumentar y, con ello, el escenario político, así como también la credibilidad que existe por parte de la población respecto de los personeros de gobierno y oposición, tal como ha ocurrido en los últimos sondeos en los que hemos visto como los casos Penta y Caval han influido enormemente en la percepción que tiene la ciudadanía respecto de los gobernantes, como el caso de la baja en las encuestas para la Nueva Mayoría y, particularmente la presidenta Bachelet y su núcleo más cercano.
Fuente: El Ciudadano.cl / Arturo Ledezma
http://lascotidianasdeenrique.blogspot.com





viernes, 27 de marzo de 2015

La Cámara Federal se encamina a desestimar la denuncia de Nisman



Fiscal Alberto Nisman. Foto: Archivo / Fabián Marelli / LA NACION
Por Hernán Cappiello | LA NACION - Jueves 26 de marzo de 2015 | Publicado en edición impresa
El Gobierno estará hoy en condiciones de festejar. Por lo menos es lo que se prevé por estas horas en los tribunales de Comodoro Py 2002. La Cámara Federal tiene previsto decidir hoy sobre la denuncia del ex fiscal Alberto Nisman contra la presidenta Cristina Kirchner, a la que acusó de encubrir a Irán en la causa por el atentado contra la AMIA. Y todo se encamina a que los camaristas la desestimen al entender que no hay ningún delito que investigar.
La decisión está en manos de los jueces de la Sala I del tribunal, Eduardo Freiler, Jorge Ballestero y Eduardo Farah, un tribunal que supo dictar fallos en sintonía con los deseos del Gobierno, se endureció a fin de año y ahora estaría dispuesto a rechazar la denuncia de Nisman por "inexistencia de delito".
Era una lotería ayer en tribunales adivinar cómo iban a votar los camaristas. Supuestamente hubo un cambio de posturas con el correr de los días. La semana pasada había trascendido que los jueces Ballestero y Freiler, que suelen votar en sintonía en temas en que es sencillo ponerse de acuerdo, votarían por rechazar la denuncia. Y Farah habría previsto abrir la causa e investigarla. Pero ayer allegados al tribunal señalaban que una reunión de última hora podría unificar posiciones y llegar a una votación unánime. Cualquiera que sea la cuenta, si tres a cero o dos a uno, la noticia le daría una alegría al Gobierno.
El trámite procesal prevé que el fiscal de Cámara Germán Moldes tiene la posibilidad de recurrir ante la Cámara de Casación Penal, el máximo tribunal penal del país por debajo de la Corte Suprema, para determinar si confirma o no esta resolución. Como se trata de una causa nueva, debería sortearse qué sala de Casación intervendría en caso de una apelación del fiscal.
Nisman denunció a la Presidenta, al canciller Héctor Timerman, al diputado de La Cámpora Andrés Larroque, al piquetero Luis D'Elía y al líder de Quebracho, Fernando Esteche, entre otros implicados, porque supuestamente habían tramado un complot para desincriminar a ex funcionarios iraníes de los cargos que pesan en su contra por idear y ejecutar el atentado contra la AMIA en 1994.
Nisman apoyó su denuncia en escuchas telefónicas de conversaciones entre Alberto "Yussuf" Khalil, un representante de la comunidad iraní en Buenos Aires, y D'Elía, entrelazadas con datos públicos sobre la actuación del Gobierno con Irán. En particular, entendió Nisman que el Memorándum secreto firmado entre la Argentina e Irán, que contempla la posibilidad de interrogar a los sospechosos iraníes prófugos de la Justicia, fue la herramienta que iba a permitir la impunidad de los buscados. Razonó que el pacto estaba orientado a que cayeran las circulares rojas de Interpol, mediante las cuales la justicia argentina pidió la captura internacional de cinco iraníes sospechados de planear y ejecutar el ataque.
El fiscal presentó su denuncia el 14 de enero pasado y cuatro días después apareció muerto en su departamento de Puerto Madero, con un disparo en la cabeza.
Cuando concluyó la feria judicial y arrancó febrero, el fiscal Gerardo Pollicita impulsó la denuncia y pidió al juez Daniel Rafecas que realizara 46 medidas de prueba para establecer si había evidencias para sostener las sospechas de Nisman.
Pero Rafecas se tomó una semana para analizar el caso y decidió rechazar la denuncia al entender que era infundada y que las hipótesis de Nisman no se sostenían. Argumentó que como el pacto con Irán no estaba en vigor no se había producido ni siquiera principio de ejecución de un delito e interpretó, con las evidencias que le acercó el Gobierno, que el fiscal muerto se contradecía con su acusación.
El fallo de Rafecas fue una bocanada de alivio para la Presidenta, que despidió 2014 con el frente tribunalicio complicado.
Fortalecido el Gobierno, a través de la defensa de Larroque buscó sacar del caso al fiscal ante la Cámara Federal Germán Moldes, que apelaría la resolución de Rafecas. Argumentaron que sus expresiones sobre la multitudinaria marcha que se realizó en memoria de Nisman, de la que Moldes era uno de sus organizadores, era una muestra de cómo había perdido imparcialidad.
Pero Larroque no tuvo suerte y Moldes fue confirmado por los jueces de la Sala I de la Cámara Federal. El fiscal, respaldado en el caso, entonces argumentó ante los camaristas Freiler, Farah y Ballestero la semana pasada para que no desestimaran la denuncia de Nisman. Les dijo que es prematuro hacerlo y que antes de tomar una decisión hay que producir alguna de las pruebas que sugirió Pollicita. Los camaristas pasaron el fin de semana largo meditando su decisión, a la que ayer sus secretarios comenzaron a darle forma de sentencia.
Cómo seguiría la causa
1 Cámara federal
Si el tribunal desestima la denuncia de Nisman, la acusación contra la Presidenta por encubrimiento sumaría su segundo revés judicial, tras el fallo del juez federal Daniel Rafecas.
2 Apelación
Una desestimación habilitaría la posibilidad de que el fiscal de Cámara recurra el fallo.
3 Casación
Serían los jueces de la Cámara de Casación, en una sala por definir por sorteo, los que analicen nuevamente el caso y decidan.
Un tribunal impredecible
  • Jorge Ballestero: Camarista sala I
Juró como camarista federal en 2008, en lugar de Eduardo Vigliani. Antes fue juez federal. En sus últimos fallos desde fines del año pasado se mostró lejos del Gobierno, aunque ahora acompañaría el voto de Freiler, con quien más sintoniza en el tribunal
  • Eduardo Farah: Camarista federal
Actúa en la Sala I del tribunal, como suplente, y es titular en la Sala II. Llegó de la mano del auditor Javier Fernández. Sus últimos fallos, en consonancia con la ruptura de Fernández del Gobierno, fueron contra Boudou y el memorándum firmado con Irán
  • Eduardo Freiler: Camarista sala I
En 2004 juró como camarista federal. Outsider de la familia judicial, el ex fiscal federal favoreció al Gobierno en casos sensibles, pero luego pareció tomar distancia. Hasta ayer, cuando decidió que había que rechazar la denuncia de Nisman contra la Presidenta.
Fuente: LA NACIÓN.ar



sábado, 21 de marzo de 2015

Brasil Las paradojas de un país en crisis



El Clarín de Chile / Escrito por Fernando de la Cuadra* - Publicado el 20 Marzo 2015
 
Hace algunos años el gran compositor Tom Jobim declaró que Brasil no es país para principiantes. Y parece que esta afirmación, en principio enigmática, tiene algo de verdadera. Para muchos políticos, intelectuales, periodistas o personas con opinión, se ha transformado en un lugar común decir que Brasil es un país de grandes contradicciones. Y ciertamente lo es.
Desde que asumió su segundo mandato, la presidenta Dilma Rousseff tuvo que enfrentar una enormidad de problemas. Muchos de los problemas de Brasil son relativamente nuevos: una economía en proceso de recesión, una tasa de inflación en ascenso, sumado con una caída de la actividad industrial y un concomitante aumento del desempleo. Pero un conjunto de otros problemas se vienen arrastrando desde hace bastante tiempo.
Solamente por mencionar los más importantes: La crisis energética, la crisis del agua, la falta de inversión en infraestructura productiva, la reprimarización  de la economía, el deterioro de los servicios públicos, el soborno electoral, la corrupción endémica de políticos, empresarios y gestores públicos. Con el propósito de enfrentar estas diversas crisis y “apaciguar a los mercados”, la presidenta Rousseff nominó como su Ministro de Hacienda a Joaquim Levy, un economista formado en la Universidad de Chicago, es decir, alguien que tiene en su ADN el recetario neoliberal difundido por Milton Friedman y la Escuela de Chicago para los cinco continentes.
Siendo fiel a su formación, el Ministro Levy anunció un paquete de medidas que representan todo lo contrario de lo la presidenta electa prometió en su programa de campaña. Ante el estupor de sus electores, el actual ministro comunicó la “nueva” política de ajuste fiscal que aplicaría el ejecutivo: aumento de impuestos, incluido el retorno de un tributo especial para los combustibles y del impuesto sobre las operaciones financieras (IOF), recorte de gastos en educación, salud y vivienda, mayores restricciones en beneficios como el seguro desempleo, el auxilio a enfermedades, la restricción de las pensiones por muerte o la reducción de los subsidios en los prestamos realizados por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).
Esta serie de políticas anunciadas por la autoridad económica tuvo entre sus primeras consecuencias el “mérito” de provocar la unidad de fuerzas insospechadas en la historia reciente, la alianza entre los representantes del capital y del trabajo. En efecto, tanto los dirigentes de las industrias (FIESP) que se quejan por el aumento de los tributos, como los líderes de la clase trabajadora (CUT, Fuerza Sindical), que denuncian el fin de muchas conquistas laborales, ya señalaron públicamente su intención de aunar esfuerzos para combatir las medidas informadas por el Ministro Levy. El propósito de este frente común en que están embarcados empresarios y sindicalistas es presionar al Congreso para que no apruebe los ajustes e impugne las Medidas Provisorias (MP’s 664 y 665) propuestas por el Ejecutivo, que alteran las reglas del beneficio, abono salarial, auxilio desempleo, pensión por fallecimiento, auxilio enfermedad y auxilio reclusión.
En principio son inexplicables los motivos que tuvo la presidenta Rousseff para aceptar este conjunto de acciones que van a contrapelo de sus promesas de campaña y de las expectativas de sus electores, que implican una serie de cortes en los gastos sociales y la restricción de derechos laborales y previsionales de los trabajadores, aunque sus asesores y portavoces insisten en aclarar que estas medidas antipopulares eran inevitables para reconducir al país a un nuevo ciclo de crecimiento y equilibrio fiscal. Contrariando también a los partidos y políticos que constituyen la base del gobierno - en un sistema llamado presidencialismo de coalición- la presidenta ha sufrido seguidos reveses en el Congreso Nacional que es presidido tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado por dos miembros del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), el principal conglomerado de la base aliada, cuyos representantes han vetado relevantes proyectos enviados por el ejecutivo para su aprobación, como la eliminación de las trabas que permitirían un aumento de los impuestos o la disminución del techo del superávit primario de R$ 66,3 billones para este año.
             Mientras tanto, el descontento y malestar casi generalizado con el alza de los impuestos, los aumentos de tarifas y los cortes de gastos ya se ha instalado en el país. Un levantamiento divulgado esta semana por el Instituto Datafolha muestra que la popularidad de la Presidenta Dilma ha bajado considerablemente. Los que juzgan su gestión como óptima o buena suman un escaso 13 por ciento. Este porcentaje implica una caída significativa con relación a fines de 2014, cuando la presidenta poseía un 42 por ciento de apoyo de la ciudadanía. Los que consideran su administración mala o pésima representan un 62 por ciento. Si a ellos se agrega el 24 por ciento que considera a su gobierno como regular, la cifra de insatisfacción asciende al 86 por ciento de los consultados. Además, en una encuesta anterior, el 77 de los entrevistados pensaba que la presidenta estaba en conocimiento de los fraudes sucedidos en la Petrobras y un 60 por ciento de ellos consideraba que Rousseff mintió durante la campaña electoral del año pasado.
Estimulados por la baja popularidad y por la acumulación de los problemas apuntados previamente, algunos grupos opositores han organizados panelaços y protestas en las principales ciudades, en los cuales ha surgido el slogan de “Fuera Dilma”, exigiendo que la mandataria sea objeto de un impeachment por parte del Congreso, tal como sucediera en septiembre del año 1992 con Fernando Collor de Mello. Como ha sido señalado por diversos juristas y cientistas políticos, las posibilidades de que una solicitud de que una inhabilitación tenga éxito en el Congreso son bastante remotas. Primero porque la presidenta no ha realizado ningún tipo de acto de corrupción fragrante que justifique su enjuiciamiento por parte del Congreso o por el Supremo Tribunal Federal (STF).
En segundo lugar, porque no existen las fuerzas políticas necesarias para promover dicha acción de derrocamiento institucional, como fue el caso de José Manuel Zelaya en Honduras o de Fernando Lugo en Paraguay. En tercer lugar, porque los movimientos sociales más importantes de Brasil continúan apoyando al gobierno, pese a todas las críticas que puedan hacer a su gestión, especialmente al nombramiento de un ministro cuya palabra de orden es “austeridad” y recorte de gastos.
Para cualquier observador desavisado la situación brasileña es confusa e incomprensible. Como muestra basta observar lo que ha sucedido en las últimas semanas. En efecto, empero no concordar con la política económica implementada desde comienzos de este año, sindicatos de trabajadores, movimientos y sectores sociales han llamado a manifestarse en favor del gobierno, de la estatal Petrobras y de la democracia. Contraria y paradojalmente, aquellos electores que votaron por Aécio Neves, cuya plataforma de gobierno incluía la aplicación de un programa de ajuste como el que está siendo implementado ahora, han salido a la calle a pedir la salida del gobierno, entre otros motivos, por la carestía de la vida y por la irritante corrupción revelada a cada momento.
Sin embargo, no solamente la Petrobras ha sido objeto de malversación de los recursos públicos, pues la corrupción y el tráfico de influencias es transversal a todos los partidos y, tal como advierten la mayoría de especialistas, ella es parte del gen institucional de Brasil desde la época de las capitanías hereditarias con su marca patrimonialista en la conformación del Estado. En definitiva, el patrimonialismo representa nada más que la superposición del interés privado en los asuntos públicos, es una modalidad casi que atávica de privatización de los bienes públicos y su correspondiente apropiación por individuos, grupos o corporaciones privadas.
El escándalo de la Petrobras ha alcanzado a prácticamente todos los partidos y la clase política en su conjunto, por eso se torna evidente y notoriamente oportunista acusar solo al Partido de los Trabajadores de ser parte de los arreglos con las empresas para recaudar los fondos destinados al financiamiento de las campañas de sus candidatos. No existe referente político que no realice este tipo de acuerdo con el capital privado. Este es uno de los temas principales que ha sido planteado como base de argumentación para efectuar urgentemente la reforma política: que sea el Estado aquel organismo que financie las campañas partidarias a partir de un fondo a ser distribuido proporcionalmente entre todos los partidos y coaliciones con mayor representación nacional.
Al contrario de lo recomendado por sus partidarios más fieles e incondicionales, el actual gobierno parece haber sido acometido por una crisis de pánico y no ha tomado ninguna iniciativa relevante para cambiar este cuadro negativo. Una que otra reforma ministerial de carácter cosmético no va a convencer ni a quienes están decepcionados del “viraje” hacia la derecha del gobierno ni a quienes adhieren resueltamente a las filas de la oposición, atribuyendo todos los males de Brasil a estos últimos 12 años de administración de la coalición liderada por el Partido de los Trabajadores. El gobierno se encuentra acorralado en medio a una sociedad que está dispuesta a movilizarse para defender sus conquistas históricas o sus privilegios, negocios y utilidades.
Ya han transcurrido prácticamente cinco siglos desde que Nicolás Maquiavelo nos advierte en el capítulo III de El Príncipe que un gobierno que no se preocupa del futuro está condenado al fracaso, pues reconociendo los males que caen sobre él, como cualquier persona o entidad prudente, es posible aliviar éstos. Pero si por falta de previdencia los dejan crecer al punto de tornarse visibles a los ojos de todos, dichos males no tendrán más remedio. Por la parálisis política que afecta al gobierno de Rousseff, el consejo del pensador florentino parece haber sido escrito en estos días. La pregunta que flota en el aire es como podrá sobrellevar y superar esta turbulencia un gobierno que está recién comenzado su segundo mandato. Con una política de conciliación y dialogo con la oposición o con una postura más agresiva que recoja el mandato que el pueblo le ha otorgado para retomar la política de protección social y de consolidación de los derechos laborales. Por el gabinete y la agenda que se viene diseñando, parece que la primera alternativa es más probable. En todo caso, quizás si la única certeza que existe en este mar de dilemas y contradicciones, es que se siguen avizorando oscuros nubarrones en el horizonte de este país inescrutable.
 *Doctor en Ciencias Sociales. Editor del Blog Socialismo y Democracia.
Fuente: El Clarín de Chile
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