EL MUNDO
TAL CUAL ESTÁ
El epicentro del fracking
Cada día el Mundo se cae a pedazos,
por culpa de los continuos movimientos sísmicos, que producen una fuerte
réplica en el corazón del gran planeta Tierra. Sin darnos cuenta, lo estamos
fracturando ambientalmente debido a la irracionalidad social de los Seres
Humanos, que se consolida con los salvajes proyectos petroleros, mineros o
gasíferos, para seguir perforando las riquezas naturales y taladrar el
agonizante futuro por recorrer.
Debajo de nuestros pies, existe un Universo en expansión que no conoce la
perversión del capitalismo, la avaricia de las transnacionales y la
sobrepoblación que destruye el equilibrio ecológico de la Naturaleza. Por el
contrario, la Humanidad se contrae en una materia oscura llena de indiferencia,
apatía e irrespeto hacia los sagrados ecosistemas que yacen por obra y gracia
de Gaia. Poco a poco, la corteza terrestre se convirtió en un auténtico campo
de batalla que tiñe de sangre a las comunidades indígenas, a las metrópolis
urbanas, y a cualquier recóndita geografía que atesore en sus suelos a los
mortíferos hidrocarburos del orbe.
Entre polvorientos
escombros, víctimas
humanas y pérdidas económicas, parece que el desolador panorama ocasionado por
la liberación de energía acumulada en forma de ondas sísmicas, va más allá de
la ruptura de fallas geológicas o de la fricción de las placas tectónicas del
planeta Tierra. Aunque con frecuencia culpamos a la Pachamama de las
calamidades naturales que predican la desgracia, creemos que el acelerado
deterioro del Medio Ambiente en el siglo XXI, refleja la bestial industrialización
de los entornos naturales creados a imagen y semejanza de una cosa endiablada
llamada Homo Sapiens. No hay duda, que estamos caminando sin rumbo y de
madrugada por las arenas movedizas de un pantano en retrospectiva. Algunos se
acostumbraron a vivir ciegos en la ignorancia, y otros se lanzan cubetas de
agua fría para desafiar
los límites de la estupidez. En ese pequeño callejón sin salida, hay muchísimo
espacio para navegar en el
ecocidio que seguimos
afianzando gracias al malgaste del agua potable, a la deforestación, a la
siembra de cultivos transgénicos, a la liberación de dióxido de carbono, y más
recientemente, con la mano opresora de la fractura hidráulica, que es el nuevo
bodrio comercial de las multinacionales para hipotecar el destino fatal de
todos.
En tal sentido, el "
fracking" es una
técnica para extraer
gas natural en yacimientos
no convencionales, mediante la fracturación de la roca madre (pizarra o
esquisto), y la enfurecida inyección de
agua mezclada con arena y
sustancias químicas tóxicas a gran presión, buscando que el gas se libere y
llegue a la superficie a través del pozo. Lamentablemente, la extracción de
hidrocarburos bajo el método del fracking, es uno de los procesos más
corrosivos para el Ambiente. Recordemos que la fractura hidráulica acrecienta
el riesgo de provocar una serie de catástrofes en el entorno, que abarcan el
escape de acido sulfhídrico, la
contaminación de
los mantos acuíferos, la descarga no controlada de aguas residuales, la
dispersión en el aire de metano, que es uno de los principales gases de efecto
invernadero, y el incremento del cuadro sísmico en el área explotada.
Es triste reconocer que el
fracking se transformó
en un negocio redondo perpetrado a escala global. No hay que viajar hasta
Oklahoma, Texas, Ohio o Pensilvania, para evidenciar como el abuso del fracking
es una terrible realidad que castiga con mayor dureza a las grietas del dinero
genocida. Basta con escuchar un fuerte puño cerrado sobre el escritorio de
madera, para que el Diablo se obsesione con esa gigantesca porción de tierra,
que esconde muchísima lechuga verde en su interior. Con un arsenal de cascos,
uniformes y máquinas bien lubricadas, los hambrientos esclavos empiezan a
obedecer la orden del rey, sin pensar en que sus familiares, amigos y vecinos
quedarán tapiados bajo una pared de concreto, que pudo oír en alta definición
los últimos gemidos de la Pachamama.
Por eso nos preguntamos ¿Qué relación existe entre la fractura hidráulica y
los movimientos telúricos? Vemos que la hipótesis que unifica esa simbiosis se
vuelve cada vez más demostrable, pues los sismos de gran magnitud a nivel
mundial, están aumentando conforme se intensifican los monumentales proyectos
extractivos en los suelos del globo terrestre. Lo peor, es que el teorizado
"factor
fracking",
termina siendo una verdadera bomba de tiempo en el Medio Ambiente, porque la
nefasta arbitrariedad del Hombre para apoderarse de los hidrocarburos, trastoca
las condiciones geológicas del planeta Tierra, generando un peligroso efecto
boomerang que puede explotar en cualquier momento.
No podemos ser tan simplistas para seguir culpando a la Pachamama de la
crisis ambiental imperante, ya que en nuestra legendaria Tierra nada es
producto de la casualidad. Desde que las bacterias se transformaron en gorilas
afeitados, siempre ha existido una disonancia entre la tierra que produce y el
hombre que destruye. Le rompemos el alma a una progenitora que se asfixia en su
propio hogar, utilizando la práctica del
fracking como punto de
quiebre, para que la litosfera no deje ninguna huella en la ensangrentada
superficie. Tan sólo imaginar que estamos atentando contra la mágica existencia
humana por efímeras monedas de plata, nos hace pensar que la alerta roja de
tsunamis, terremotos y avalanchas, están asediándonos en las profundidades de
los suelos.
En paralelo, la impunidad ecológica es auspiciada por los gobiernos de turno
y sus organismos judiciales, que siguen eliminando progresivamente los estudios
de impacto ambiental (EIA), los cuales son muy necesarios para cuidar la salud
de los ecosistemas, y evitar la degradación del entorno. No obstante, las
transnacionales y sus aliados gubernamentales, siempre logran presentar el
codiciado papelito firmado, notariado y sellado por los entes ministeriales,
para que puedan iniciar con tranquilidad la labor mega extractiva, mientras van
despojando a los pueblos originarios de sus milenarias tierras, y demoliendo el
hábitat de toda la biodiversidad que no se escapa de la pesadilla corporativa.
La preocupación latente sobre si un sismo artificial creado por el Hombre,
es capaz de producir un sismo natural en la Tierra, ha hecho que varias
naciones plagadas del letal fracking, empiecen a cuestionar la manipulación
ambiental que causan las actividades extractivas de las transnacionales, en el
plano geológico que aguardan los ancestrales territorios. Por ejemplo, en el
estado de Nuevo León en México, se registraron más de 30 sismos en lo que va
del 2014, oscilando entre los 3,1 y los 4,3 grados en la escala de Richter, y
que gracias a estudios científicos posteriores se demostró que la profundidad
del foco de los movimientos telúricos, coincidía con la profundidad de los
pozos perforados en la cuenca de Burgos, que pese a ser una de las reservas de
gas natural más valiosas
del país azteca, no se salva de la infernal técnica extractiva del fracking.
En el caso particular de Nuevo León, se observa fácilmente la destrucción
ambiental causada por el fracking. Antes de la explotación del
gas shale en tierras
nuevoleonesas, era muy atípico sentir un evento sísmico que repercutiera con
negatividad en el modo de vida de la población. Ahora, la gente se queja de las
incesantes vibraciones y ruidos que generan una constante angustia para los
ciudadanos. Alrededor de la Cuenca de Burgos, se cuartearon y derrumbaron
varias casas, escuelas y edificios por culpa del continuo empleo de la fractura
hidráulica, produciendo una emergencia temporal que obligó a colocar muros de
contención para evitar el colapso de otras infraestructuras.
En apenas tres años, hubo más actividad sísmica en Nuevo León que en los
últimos diez años, cuando el estado se encontraba libre de fracking. El pánico
de sentir un terremoto inducido, acabaría con protegidos paisajes naturales,
como los Cañones de la Sierra Madre, las Grutas de García y el Parque Xenpal.
Sin embargo, la amarga experiencia de Nuevo León por la presencia del factor
fracking, se agudizará con la entrada en vigencia de la reforma energética, que
perforará más de 10 mil pozos en la franja de la Cuenca de Burgos.
Lo infame, es que muchas localidades de America Latina, están trasmutando el
desastre ambiental señalado, y dejando un signo de interrogación en sus
pueblos. Es consabido que casi todos los países sudamericanos financian el
veneno de la fractura hidráulica en los suelos, ya sea por medio de proyectos
terminados, en labores de exploración o en espera de iniciar las obras. Esa
trágica afirmación se manifiesta en el año 2014, por lo que a continuación
mostraremos datos informativos al respecto.
En Colombia, el fracking podría adentrarse en el hermoso departamento de
Cundinamarca, donde la exploración de hidrocarburos engloba a la zona del
páramo de Sumapaz, que aparte de ser una de las fuentes hídricas más
importantes de la nación neogranadina, es considerado el páramo más grande del
Mundo. Pero, el sucio juego de las multinacionales que compran a los organismos
gubernamentales para tramitar la licencia del
ecocidio, también se
visualiza en la zona de Cruce Pelicano ubicada en el Chaco Paraguayo, que ya
resiente la búsqueda de petróleo y
gas a 4.500 metros de
profundidad, esperando que el fracking se adhiera a la tertulia encabezada por
la tala indiscriminada de árboles, la desertificación y el desmonte de los
bosques nativos.
A su vez, en Venezuela empezarán las exploraciones para conseguir el
rentable gas lutita en la cuenca del Lago de Maracaibo, que si bien es el lago
más extenso de Sudamérica, se encuentra hundido en los derrames de crudo, en el
vertido de basura doméstica e industrial, y en la invasiva aparición de la
lenteja de
agua. La llegada del
fracking a tierras venezolanas sin importar el colosal menoscabo ambiental,
cruza las fronteras y viaja hasta la región amazónica de Ucayali en Perú, donde
se descubrió el lucrativo
shale gas en las
prominentes rocas del Lote 31E, lo que perjudicará el bienestar ecológico de
áreas verdes protegidas, como las cataratas del Boquerón del Padre Abad, y
afectará el modus vivendi de los indígenas Arawak, que habitan en las áreas
selváticas peruanas.
Los linderos de la fractura horizontal y vertical, dependen de la actitud
proactiva de las personas en condenar esa técnica extractiva y custodiar el
Ambiente. Todos recordamos el feroz crimen ambiental de la petrolera
Chevron-Texaco en la selva amazónica de Ecuador, que fue la bandera ideológica
de la Jornada de Protesta Mundial contra Chevron, efectuada en mayo del 2014
con el apoyo de 13 países que alzaron la voz, y protagonizaron un activismo de
calle a favor de la vida. En contraposición, los ciudadanos que viven en
centros urbanizados de Bolivia, vienen asumiendo una total indiferencia en
defender sus
recursos
naturales y el legado de los pueblos originarios, ante la cadena agresiva
de las transnacionales. La falta de solidaridad entre hermanos bolivianos, se
paga con la entrada de 7 empresas petroleras que se dedicarán a explotar los
hidrocarburos contiguos a la Serranía del Iñao y Aguaragüe.
La clave para frenar el fracking radica en la resistencia popular de
nuestras naciones latinoamericanas. Sabemos que en Uruguay ya fueron
habilitados camiones vibro estadounidenses, que realizan exploraciones por la
sospecha de yacimientos petrolíferos y gasíferos en el subsuelo de los
departamentos de Salto, Tacuarembó y Paysandú, representando la temida antesala
de la práctica del fracking. Cabe destacar, que dichos camiones fueron
retenidos a principios del mes de agosto por los valientes asambleistas de
Concordia, quienes eran consientes del irreparable daño ambiental que la
fractura hidráulica causará en el Acuífero Guaraní, que es la reserva
subterránea de
agua dulce más grande del
Mundo, y provee agua potable para los lugareños que viven en Brasil, Paraguay,
Uruguay y Argentina.
En detrimento, la incorporación del
Shale Gas para
diversificar la matriz energética de Chile, es un gravísimo error que no
respeta la soberanía territorial, y permite que la industria norteamericana se
apodere de los
recursos
naturales chilenos, por medio de tendenciosos acuerdos bilaterales
suscritos. No olvidemos que en el pasado reciente de Chile se observaron
muchísimos
movimientos
sísmicos, que dejaron un trágico saldo de muertos y heridos a su paso. Al
tiempo que se autorizaron distintos mega proyectos mineros, que se cansaron de
perforar y enturbiar los glaciares, los ríos y la vida de miles de compatriotas
chilenos.
De igual manera, en el yacimiento petrolífero de Vaca Muerta ubicado en la
provincia argentina de Neuquén, se malgastan miles de metros cúbicos de agua
para calmar la sed de las transnacionales y sus pozos de la muerte. Además, los
habitantes deben soportar la elevada
contaminación
auditiva por el motor de las máquinas, la sistemática degradación de las napas
subterráneas, y los problemas respiratorios que causa la polución del aire para
la salud humana. Al fracking no le interesa que la pastilla radiactiva se
pierda en el
ecocidio de las
cuencas hídricas argentinas, ni que germine su enorme toxicidad en el bosque de
Arrayanes, en el Cerro Bayo y en el Lago Correntoso.
En sinergia, Brasil sigue preso en el abismo ambiental de sembrar un árbol
por cada 1000 árboles talados. Con esa errante filosofía, las transnacionales
se sienten muy cómodas de recorrer los suelos cariocas, y más aún con la
aprobación de un falaz reglamento para controlar la extracción de gas con la
técnica del fracking. Según el papelito de la Agencia Nacional de Petróleo,
queda prohibido el fracking cerca de pozos de agua empleados para uso doméstico
y público. Pero, ya en párrafos anteriores comentamos que el fracking se
adentrará en el inmenso Acuífero Guaraní, donde Brasil tiene la mayor
responsabilidad de protegerlo al ocupar una extensión de 840.000 km2. Es el
país que más explota sus pozos para abastecer a más de 400 ciudades, por lo que
una mala decisión ecológica de cualquiera de los cuatro países que lo integran,
crearía una onda expansiva marina de larguísimo alcance.
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Vimos que el fracking se está convirtiendo en la gran amenaza para la
supervivencia de la Humanidad, porque pone en riesgo el derecho a la vida y
aniquila los
recursos
naturales que lo amparan. Cada vez son más comunes los temblores o las
sacudidas que invaden las ciudades, y no es descabellado pensar que la
irresponsabilidad
socio-ambiental,
podría estar contribuyendo a la formación de esos movimientos telúricos. El
mayor inconveniente del fracking, es que continúa siendo un tema clandestino,
esquivo y confuso para el discernir de la sociedad civil, facultando a que las
transnacionales se adueñen de las tierras latinoamericanas, sin temor a represalias
en el seno de la colectividad.
Si continuamos perdiendo la brújula del horizonte conservacionista, pues la
sexta extinción masiva podría amplificarse en un santiamén. Estamos cavando el
hoyo de nuestra propia tumba, con las malas vibraciones que el fracking y los
delitos ecológicos similares traen consigo. No queremos que el hipocentro y el
epicentro de la fractura hidráulica, destruyan la geosfera de un hogar bendito
llamado planeta Tierra.
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