EL ESTADO DE LAS COSAS
Un fantasma recorre la sociedad
neoliberal: el miedo político
"A lo que más temo es al miedo" Michel
de Montaigne
Desde que estalló la "pax
neoliberal" en el año 2011 producto de las movilizaciones de las y los
ciudadanos descontentos con dicho orden social, impuesto a punta de metralla
por la dictadura civico-militar (1975-1990) y vergonzosamente consensuado y
aceptado por la Concertación (1990-2010), un espectro recorre la sociedad
chilena, el miedo político.
Rebelion / Juan Carlos Gómez Leyton* -
13-09-2014
Perdón,
digamos, en realidad que no es toda la sociedad chilena la que tiene miedo sino
que son las elites de poder y en el poder y, por cierto, las infaltables y
nefandos sectores de las capas medias, son los que profesan temor social y
miedo político. Los sectores populares si tienen miedo, pero es de una
naturaleza distinta del miedo que profesan histórica y sociológicamente los
sectores antes mencionados. Estos tienen miedo histórico a perder sus
privilegios y su condición social, económica y cultural. Y, por cierto, están
dispuesto a todo. Como lo hicieron en el pasado, desde aquel otro infausto 11
de septiembre de 1541, cuando Doña Inés de Suarez, la mama Inés, decapito a
siete caciques para infundir miedo a los indios que defendían su libertad y su
cultura ante la invasión española. Desde esa violencia fundadora asentada en el
miedo, las élites de poder y en el poder han usado y abusado del miedo como
instrumento de control y sometimiento de aquellos que osan resistir el orden
por ellos construido.
La
sociedad chilena ha sido fundada y concebida una y otra vez en un copula
incesante entre el miedo social y la violencia política que han engendrado
diversos vástagos, o sea, regímenes políticos autoritarios a lo largo de su
historia política. El recurso al autoritarismo y al dictador (al hombre fuerte)
civil o militar ha sido una constante en Chile desde el régimen portaliano
hasta la actualidad. Los diversos periodos de paz política y social que la
sociedad chilena ha experimentado en su pasado reciente, por ejemplo, la paz
neoliberal (1990-2011) han sido producto de la combinación del miedo político y
del autoritarismo practicado por las elites de poder y en el poder.
Por
miedo político entiendo el temor de la ciudadanía a que su bienestar colectivo
como individual resulte perjudicado -miedo al "terrorismo", pánico
ante el crimen organizado, terror a la crisis económica, ansiedad a la
descomposición moral-, o bien la intimidación de hombres y mujeres por el
gobierno o de parte de algunos grupos. Lo que hace políticos ambos tipos de
temor, es que emanan ya sea del Estado o de la sociedad. El miedo político surge
de los conflictos sociales actuantes en la sociedad con repercusión estatal.
Por eso, el miedo político tiene amplias repercusiones: genera diversas formas
de represión y de control, crea institucionalidad normativa (leyes), políticas
públicas, y, sobre todo, violencia política y/o simbólica.
La
Concertación durante años gobernó en base a la idea política de que la sociedad
chilena tenía miedo. Durante dos décadas la Concertación infundió de manera
permanente el temor en la sociedad. Para tal efecto, construyó el discurso de
que realizar cambios sociales, políticos y económicos en el orden construido
por la dictadura era peligroso. Hoy cuando la Concertación travestida en Nueva
Mayoría propone realizar una serie de reformas políticas, económicas y educacionales.
Reformas que en realidad son parciales y superficiales. Dado que no afectan
estructuralmente a la forma de acumulación capitalista neoliberal. La elite de
poder (los empresarios, los banqueros, los dueños de los medios de
comunicación, los sostenedores de colegios particulares subvencionados,
especialmente, aquellos que sostienen grandes conglomerados educacionales, los
dueños de las universidades privadas, los controladores de las Isapres y de las
AFP, los dueños de las grandes cadenas de farmacias, de las grandes tiendas, y
un largo pero acotado, etcétera), decir, aquellos que controlan el capital
mercantil, financiero, comunicacional y educacional, hoy tienen miedo. Tienen
temor a que su bienestar sea afectado, aunque sea, en un milésima porción.
Hace
más de un año que han venido sosteniendo a través de sus distintos voceros y a
través de la caja idiota "la televisión" y los periódicos de la
cadena El Mercurio como de Copesa, que el famoso programa de la Presidente
Michelle Bachelet es un peligro para la sociedad chilena, especialmente, para
los sectores medios. La permanente letanía de que la reforma tributaria va
afectar a la clase media, que la reforma educativa también, que la reforma
política va colocar al país en el borde del abismo, que la desaceleración
económica abre las puertas a la recesión económica, del desempleo, etcétera. Es
este un discurso similar al de la Concertación levantado durante sus gobiernos,
lo común es sostener que realizar cambios en la sociedad es peligroso.
Sin
embargo, el análisis detallado y concienzudo del paquete de reformas
(reformitas) que intenta realizar la Nueva Mayoría, no debiera generar ese
miedo. El mensaje político de la elite política y de los partidos del orden
(Unión Demócrata Independiente y Renovación Nacional como también la Democracia
Cristiana bajo la conducción de Ignacio Walker Prieto) tiene un objetivo
político especifico, engendrar miedo político, en un sector social, altamente
sensible a ello, las capas medias. Estas siempre han sido un sector social,
psicológicamente, temeroso. Ellas han estado históricamente dispuesta a perder
la libertad política, cuando se sienten amenazas por los cambios sociales,
económicos o culturales. Siempre están dispuestas a invocar al poder
autoritario, al Leviathan, para que les proteja sus vidas y, sobre todo, sus
propiedades y patrimonios. Ello explica que el discurso de la derecha política
y comunicacional cale profundamente entre los sectores medios aspiracionistas
que hace tan solo un par de años atrás estaban protestando y exigiendo cambios
radicales en el mercado de la educación. Hoy cuando se les dice que van a ser
afectadas por las "reformitas" de la Nueva Mayoría huyen horrorizadas
y se solidarizan con las elite de poder. Proporcionándoles a esos sectores el
apoyo social que requieren para seguir infundiendo temor en la sociedad. A qué
temen los sectores medios aspiracionistas de solida cultura neoliberal: a la
supuesta igualdad social y educativa que propone la "reformita
educativa". La clase media es neoliberal, justamente, porque el
neoliberalismo le ofreció un tipo de ciudadanía radicalmente distinta a la que
ofrecía el desarrollismo industrial o el estado social benefactor. Para que
decir, del socialismo allendista. La promesa neoliberal ha sido: nadie es
igual.
Todos
somos socialmente distintos. El Estado no puede ofrecer la diferenciación que
conduce a la necesaria distinción, solo el mercado la proporciona. Entonces, no
se puede tocar el mercado, ni la competencia, ni la exclusividad, ni la
distinción de unos ante los otros. Esto explica que un apoderado sostuviera que
era necesario mantener el copago del colegio particular subvencionado donde
asisten sus hijos, pues con él se evitaba que llegaron "niños con malas
notas, desordenados, yo quiero lo mejor para mis hijos", o sea, la
gratuidad hace que convivan niños de distintas condiciones socioeconómicas y
eso para muchos padres, no es bueno. Ellos tienen miedo social y que se
transforma, por cierto, en miedo político. En consecuencia, actualmente, un miedo
recorre a la clase media neoliberal, el miedo a ser iguales.
De
manera que actos como el ocurrido el día lunes 8 de septiembre, el bombazo en
la Estación Escuela Militar del Metro santiaguino no solo alarman a la
ciudadanía sino, sobre todo, al gobierno, o sea, a la elite en el poder. Y, ese
acto condenable, por cierto, debe ser leído como una acción política destinada
a infundir miedo, o sea, terror, en la sociedad. Y, generar una reacción
gubernamental que combine una acción punitiva y de mayor control sobre la
comunidad. La polis será cercada y protegida.
La
elite en el poder, el gobierno de la Nueva Mayoría, comienza manifestar asumir
de que su gestión esté produciendo miedo social y político en la sociedad. La
inmediata salida de la Presidenta hacia el lugar donde estalló la bomba, la
visita a los heridos, sus palabras iniciales, la suspensión de la agenda
gubernamental, la reunión citada públicamente para analizar el acontecimiento,
sus palabras amenazadoras del día siguiente, son indicadores que la Presidenta
y su gobierno tienen miedo. Tengamos presente que la Presidenta durante la
semana pasada estuvo activamente comunicativa, fue entrevistada por el Canal
Nacional, por diversos medios radiales, y dio una larga entrevista con la
prensa escrita controlada por la derecha. Qué explica esa explosividad
comunicativa presidencial, mi hipótesis, se relaciona con el discurso de
Ricardo Lagos ante los empresarios, en ICARE; miedo a la palabra de Lagos.
Palabra que infunde temor. Hasta Pinochet, le temió. Por lo tanto, no es
cualquier palabra, ni dichos cualquiera. Ello explica la pronta reunión de la
Presidenta con el jefe de los empresarios, horas antes del bombazo. Una
conclusión posible de todo lo dicho hasta ahora, podría ser que el gobierno
esta aterrado.
Ahora
bien, si el gobierno esta aterrado. Puede implicar la paralización de su
capacidad gubernamental para promocionar los cambios planteados en su programa,
o sea, el conjunto de "reformitas" queden en nada. Por tanto, el
miedo infundido por la derecha política, económica, comunicacional y
educacional habrá sido efectivo. Y, los únicos que perderán serán los de
siempre, o sea, las y los condenados por el neoliberalismo. Ese es el temor que
hoy tienen los sectores populares. De manera que su miedo político es distinto
del que tienen las élites de poder y en el poder como al de las clases medias.
Sin lugar a dudas el espectro fantasmal del miedo recorre la sociedad
neoliberal y aterra a sus actores.
Santiago
Centro, 10 de septiembre 2014
* Juan Carlos Gómez Leyton es Dr. en Ciencia Política y Académico
Universitario

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